Pbro. Dr. José San José Prisco*
La elección del cardenal Robert Prevost como Papa León XIV en mayo de 2025 marcó un hito histórico: el primer pontífice nacido en Estados Unidos y con doble nacionalidad, estadounidense y peruana. Sin embargo, más allá de su origen, lo que define su pontificado es una postura valiente y coherente frente a los conflictos globales. En su primer discurso desde el balcón de San Pedro, invitó a «construir puentes» como Cristo. En un mundo polarizado, su figura moral representa un recordatorio incómodo pero necesario: la fe no puede instrumentalizarse para legitimar la violencia, y la verdadera autoridad moral nace del servicio, no del poder.
León ha convocado repetidamente a la Iglesia y al mundo a unirse en oración para pedir por la paz. Él mismo celebró solemnemente una vigilia en la Basílica de San Pedro el pasado 11 de abril de 2026, acompañada con el rezo del santo rosario. En esa ocasión, proclamó con claridad profética:
«La guerra divide, la esperanza une. La prepotencia pisotea, el amor levanta. La idolatría ciega, el Dios vivo ilumina. Basta un poco de fe, una pizca de fe, queridos hermanos, para afrontar juntos, como humanidad y con humanidad, esta hora dramática de la historia».
No se trata de una invitación meramente devocional, sino de una alternativa ética al lenguaje de la fuerza. El Papa advirtió que «está sometido a la muerte quien ha dado la espalda al Dios vivo, para hacer de sí mismo y de su propio poder el ídolo mudo, ciego y sordo» (cf. Sal 115,4-8), una referencia que contrasta directamente con la retórica de algunos líderes políticos que instrumentalizan el nombre de Dios para justificar acciones militares. Haciendo suyo el llamamiento de San Juan Pablo II en el contexto de la crisis iraquí de 2003, León XIV recordó:
«Yo pertenezco a la generación que vivió la Segunda Guerra Mundial y sobrevivió. Siento el deber de decir a todos los jóvenes, a los más jóvenes que yo, que no tienen esa experiencia: ‘¡Nunca más la guerra!’, como dijo Pablo VI en su primera visita a las Naciones Unidas».
Y añadió con firmeza profética: «¡Basta ya de la idolatría de uno mismo y del dinero! ¡Basta ya de la exhibición de la fuerza! ¡Basta ya de la guerra! La verdadera fuerza se manifiesta en el servicio a la vida.» Citando a San Juan XXIII en su encíclica Pacem in terris, el Papa reiteró: «Nada se pierde con la paz; todo puede perderse con la guerra», recordando que la paz beneficia «a cada persona, a los hogares, a los pueblos, a la entera familia humana».

La tensión entre la Santa Sede y la administración de Donald Trump ha escalado públicamente. Mientras el presidente estadounidense ha utilizado el nombre de Dios para justificar acciones militares, incluso apareciendo en redes sociales con una retórica que lo equipara a una figura divina, el Papa ha respondido con un llamado directo a los gobernantes:
«A ellos les gritamos: ¡deténganse! ¡Es tiempo de paz! ¡Siéntense en mesas de diálogo y de mediación!, no en mesas donde se planea el rearme y se deliberan acciones de muerte.»
Frente a las críticas, el Papa ha recibido un amplio respaldo institucional. Diversas conferencias episcopales, presidentes de varios países y otras personalidades públicas han emitido comunicados apoyando explícitamente el mensaje de paz de León XIV. Este llamado no es una postura aislada, sino una expresión de la doctrina social de la Iglesia que considera que «la guerra, toda guerra, es siempre una derrota para la humanidad».
Como enseñó el Papa Francisco en la encíclica Fratelli tutti, León recordó que «se necesitan artesanos de paz dispuestos a generar procesos de sanación y de reencuentro con ingenio y audacia». Subrayó que existe tanto una «arquitectura» de la paz, donde intervienen las instituciones, como una «artesanía» de la paz que nos involucra a todos. El Papa hizo un llamado a la conversión personal:
«La oración nos compromete a convertir lo que queda de violencia en nuestros corazones y en nuestras mentes: convirtámonos a un Reino de paz que se construye día a día, en los hogares, en las escuelas, en los barrios, en las comunidades civiles y religiosas»
En un tiempo de incertidumbre, la voz de León XIV nos interpela: ¿estamos dispuestos a elegir la paz, incluso cuando exige renunciar a la comodidad del silencio o a la tentación de la venganza? La respuesta, como afirmó el Papa, «está en nuestras manos», pues «en todo el mundo es deseable que cada comunidad se convierta en una ‘casa de paz’, donde aprendamos a desactivar la hostilidad mediante el diálogo, donde se practique la justicia y se preserve el perdón».
*Decano de la Facultad de Derecho Canónico.
Universidad de Salamanca