Pbro. Dr. Ramón García Reynoso*
«Dios espera donde están las raíces». Esta expresión del poeta Rilke nos ayuda a ubicar el contexto del Pontificado que acaba de cumplir un año en la sede de Pedro. El Cardenal Prevost escogió como nombre, es decir, como identidad y proyecto: León XIV. Ahora, al publicar su primera Encíclica, entendemos más esta decisión radical. El actual, es un Papa que continúa el anhelo de la renovación de todas las cosas en Cristo que ejerció en su ministerio León XIII, el Papa de la Rerum novarum. El marco en el que se inserta Magnifica Humanitas (MH) es, en efecto, el 135 aniversario de la Encíclica de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI).

Recordemos que una Encíclica es el documento más importante que escribe un Pontífice. Se trata de una Carta solemne sobre de la doctrina católica. Las Encíclicas van acompañada por un subtítulo que refleja su tema principal. Dada su importancia y la verdad que contienen, todo fiel debe concederles asentimiento, obediencia y respeto, ya que reflejan el Magisterio Ordinario de la Iglesia. Esta Encíclica, Magnifica Humanitas, tiene como subtítulo: Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la Inteligencia Artificial. Se trata de un Documento de más de 100 páginas; cinco amplios capítulos, introducción y conclusión, que en total contabilizan 245 numerales. El núcleo del mensaje está claramente expresado en el título y subtítulos: León XIV invita a la Iglesia y al mundo a preguntarnos qué significa custodiar a la persona humana en el tiempo de la Inteligencia Artificial (IA) (cf. MH 229).
La persona humana es el centro del mensaje del Papa. No solo por las más de 320 veces que abarca el campo semántico, ya sea como sustantivo o adjetivo; sino también por las expresiones antropológicas, filosóficas y teológicas que utiliza; en efecto, en MH, el ser humano tiene como modelo a Cristo, Verbo encarnado; la persona no puede vivir en solitario, sino que es hermano «In Illo uno unum», además, el ser humano al reconocerse inserto en la trama de relaciones con los seres vivos y toda la creación, cultiva el «antropomorfismo situado» (MH 237).
Si bien, León XIII describió los problemas de su tiempo en el año 1891, dándole énfasis al mundo del trabajo, cuestión humana de primer orden, ahora, el Papa de Dilexi te, hablando de las cosas nuevas, entre ellas todo lo que tiene que ver con el avance tecnológico, el ciberespacio y, de manera especial, la inteligencia artificial, se concentra en una temática sumamente actual y urgente.

En efecto, no se trata solamente de conocer o de definir la IA, sino de analizar y hacer propuestas muy concretas delante de un discernimiento que, ineludiblemente, han de realizar las mujeres y los hombres de hoy. Para hacer tal discernimiento vital, el papa León XIV propone dos expresiones bíblicas (cf. MH 7-14) que estarán como telón de fondo en los cinco capítulos de MH. Se trata de dos caminos, de dos posturas, de dos maneras de proceder. La primera tiene como analogía y símbolo el texto del génesis sobre la Torre de Babel (cf. Gn 11,1-9). La otra imagen bíblica es la de la reconstrucción de las murallas de Jerusalén, donde Nehemías es protagonista (cf. Ne 2-6). En definitiva, el papa Prevost invita a «evitar el síndrome de Babel» (MH 10) y a «edificar en el bien» (cf. MH 11-14).
Para recorrer los cinco capítulos, propongo aquí una palabara o expresión clave, con la finalidad de motivar a la lectura completa de esta Encíclica, que si bien no ofrece una total novedad de contenidos, pues se basa en Documentos previos como Antiqua et nova y Quo vadis, humanitas?, sí ofrece una síntesis de los grandes criterios del Evangelio y de la DSI para realizar un discernimiento a la altura de las exigencias del mundo hiperconectado en el que vivimos.
En el primer capítulo la palabra clave es Evangelio. La Iglesia nunca ha renunciado a las preguntas de la historia, tratando de dar respuestas desde la Verdad revelada (cf. MH 17), pues «la Iglesia habita la historia y se relaciona con el mundo» (MH 18).
El capítulo segundo da cuenta de los fundamentos y principios de la DSI que fomentan el desarrollo integral de la persona, las personas y los pueblos; se trata de los principios del bien común (MH 59-64); del destino universal de los bienes (MH 65-67); de subsidiaridad (MH 68-72); de solidaridad (MH 73-76); y de la justicia social (MH 77-81).
El tercer capítulo hace el análisis de la IA y se pone de manifiesto la decidida convicción de que ningún paradigma tecnológico ni el poder digital pueden estar por encima de la magnífica humanidad. No se trata de negar los beneficios del progreso técnico, sino de discernir seriamente la «visión antropológica que lo guía y los fines que persigue» (MH 94), detectando las narrativas de fondo que están inmersas en el pensamiento moderno, como el transhumanismo y posthumanismo (cf. MH 115ss). Ante estas narrativas, el Papa recuerda «el verdadero “más que humano”: gracia y humanismo cristiano» (MH 127-128).

Lo humano se custodia mediante la verdad, el trabajo y la libertad; estas tres realidades son las palabras claves del capítulo cuarto. En efecto, «a la luz de los principios de la Doctrina social de la Iglesia, la transformación digital nos pide redescubrir la verdad como bien común, proteger la dignidad del trabajo y salvaguardar la libertad frente a toda dependencia y mercantilización» (MH 31).
El capítulo quinto es el que considero más original del papa León XIV, pues desde su primer mensaje el día de su elección ha insistido en el desarme y en la paz. En MH, el Papa hace un llamado vehemente a construir -en medio de un mundo lastimado por el horror de la guerra- la Civiliación del amor (cf. MH 38.182-187.210-228).
La conclusión es una joya con que culmina el Documento. León XIV propone un itinerario de vida cristiana «sobrio y exigente con el cual vivir este cambio de época a la luz del Evangelio» (MH 229ss). Se trata de un camino que nace del contemplar el designio de Dios, que se vive en la unidad eclesial y se nutre de la Palabra y de la Eucaristía y que construye el bien común orando junto con María (cf. MH 229), «la mujer del Magníficat» (MH 245). Es un proyecto «diferente, sabio y benévolo» (MH 230), en cuyo centro está el misterio de la Encarnación.
Por eso, el Papa, «creyente entre los creyentes» (MH 233), como él mismo se autonombra, invita a «contemplar en el rostro del Hijo una magnífica humanidad que también ilumina la época de la IA» (MH 233). Para vivir y realizar este proyecto, León XIV insta a la espiritualidad del «arquitecto sabio» (MH 236). Tal espiritualidad viene argumentada por varias expresiones que salen del corazón del Papa y que anota con signos de admiración:
¡Permanezcamos fieles a la verdad! (MH 237).
¡Invirtamos en la educación que empieza por nosotros mismos! (MH 238).
¡Cuidemos las relaciones! (MH 239).
¡Amemos la justicia y la paz! (MH 240).
La Encíclica culmina con una profunda exhortación a custodiar el Evangelio, para que todos nos atrevamos a «testimoniar la belleza de una magnífica humanidad habitada por Dios» (MH 245).
*Coordinador de la Especialidad en Teología Espiritualidad de la Universidad Pontifica de México