Dr. Oscar Badillo OP
Nada es casual en una encíclica. Las referencias que los papas incorporan a sus documentos pueden servir para delinear el horizonte intelectual que nos ayude a interpretar su magisterio. En el caso de Magnifica Humanitas, cuyo tema central es “la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”, León XIV recurre a ejemplos para exaltar la inventiva humana frente a los productos generados por los modelos de lenguaje de la IA. Destaca, por lo tanto, la autenticidad y el valor “casi profético” de obras como la Novena Sinfonía de Beethoven, el Guernica de Picasso y La lista de Schindler de Steven Spielberg (122).
La referencia a Spielberg es la marca de la casa de un papa formado en la cultura estadounidense y la irrupción oficial de un referente popular de Hollywood en la teología católica. Sin embargo, otras alusiones resultan igualmente reveladoras. León XIV reivindica en su primera encíclica el movimiento por los derechos civiles encabezado por Martin Luther King Jr. y, entre las mujeres que consagraron su vida a la defensa de la dignidad humana, menciona a Dorothy Day, una conversa al catolicismo y destacada promotora de la justicia social y económica en Estados Unidos.

Pero quizá una de las referencias que más atención ha suscitado desde la publicación de Magnifica Humanitas es la cita de El señor de los anillos de J. R. R. Tolkien incluida en el párrafo 213. El papa la usa para reflexionar sobre la responsabilidad ética de cada persona en su ámbito inmediato, incluso en tiempos de transformaciones tan profundas como las que plantea la inteligencia artificial en los nuestros:
No nos atañe a nosotros dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que está en nuestras manos por el bien de los días que nos ha tocado vivir, extirpando el mal en los campos que conocemos, y dejando a los que vendrán después una tierra limpia para la labranza.
Las palabras pertenecen a Gandalf en El retorno del Rey en el siguiente contexto: el mago dialoga con Aragorn, Imrahil y otros líderes sobre los posibles desenlaces de la guerra por la Tierra Media. Si Sauron recupera el anillo, su triunfo será rápido y definitivo, pero si Frodo logra destruirlo, una amenaza habrá sido destruida, aunque no para siempre. Como advierte Gandalf, “otros males podrán sobrevenir”, porque Sauron no es más que un servidor de fuerzas más profundas.
La cita es pertinente en un contexto de sucesivas amenazas a la vida, la libertad y la dignidad humanas. El mal se reelabora constantemente en sus emisarios, como en continuas mareas que van y vienen con ideologías y personajes en apariencia diferentes. Sería un despropósito sobrevivir en la angustia permanente. A cada uno le toca, en cambio, labrar su propio campo, limpiarlo de cizaña, hacerlo fértil y dejarlo limpio para que alguien más continúe la labor. Es decir, frente a la tentación de sentirnos paralizados por la derrota inminente que supone batallar contra fuerzas e intereses que indudablemente nos superan, Gandaldf, Tolkien y Leon XIV nos recuerdan la importancia de la acción cotidiana en el espacio propio, en el ámbito íntimo y comunitario en el que sí tenemos agencia.

Durante el vuelo que lo llevaba a España, León XIV fue interrogado sobre esta referencia literaria. Respondió que ha leído a Tolkien y que lo considera una figura fascinante, capaz de llegar a públicos a los que quizá la propia Iglesia no alcanza, una muestra de cómo el arte puede dar voz a la fe. Como tantos lectores del escritor británico, el Papa seguramente advirtió la profundidad prospectiva y espiritual de su universo narrativo, lo que nos invita a leer algunos pasajes de Magnifica Humanitas en clave tolkieniana.
Algunos lectores han interpretado esta referencia como una crítica indirecta a Peter Thiel, magnate tecnológico que bautizó a una de sus empresas con el nombre de las piedras videntes de Tolkien. Palantir Technologies representa uno de los ejemplos más visibles de la incorporación de la inteligencia artificial a los conflictos armados contemporáneos mediante sistemas avanzados de análisis de datos y selección de objetivos. Si esta lectura fuera correcta, la analogía es sugerente: ¿puede entenderse la IA como una tecnología de vigilancia y control que, en manos equivocadas, amenaza la libertad y la paz, del mismo modo que Palantir o el anillo de poder en manos de Sauron?
Más allá de esta posible alusión, lo cierto es que Peter Thiel encarna varias de las tendencias cuestionadas en Magnifica Humanitas: la concentración de poder en actores económicos y tecnológicos capaces de ejercer una influencia determinante sobre la vida colectiva, así como la convicción de que la innovación tecnológica, y no la acción política, debe orientar el destino de la humanidad. No por nada León XIV denuncia que el carácter privado de estos centros de poder dificulta su orientación hacia el bien común (5).

Aunque Peter Thiel y Tolkien compartieron un vínculo geográfico con Sudáfrica en sus infancias, las afinidades terminan prácticamente ahí. Sus posiciones éticas y políticas son profundamente distintas. A diferencia de las controversiales posiciones de Thiel en temas raciales, Tolkien fue firme en denunciar al régimen nazi, primero, y al apartheid, después. Su obra, profundamente marcada por su fe católica, ha servido para reflexionar sobre algunos de los grandes desafíos de la modernidad: el autoritarismo, la devastación ambiental y el uso perverso de tecnologías concebidas originalmente para fines benéficos.
Por el milagro que sólo hace posible la literatura, el tiempo de Tolkien sigue siendo también el nuestro. No deja de ser significativo que el escritor naciera en 1892, apenas un año después de la publicación de Rerum Novarum, la encíclica con la que el papa León XIII inauguró la doctrina social moderna de la Iglesia. El pequeño John Ronald Reuel creció en Birmingham, “la fábrica del mundo” y uno de los epicentros de la Revolución industrial; allí fue testigo de las profundas transformaciones económicas, laborales y ambientales que motivaron a la Iglesia a reflexionar, desde el magisterio, sobre las nuevas realidades sociales que enfrentaban los fieles.
Tampoco parece casual que León XIII y Tolkien confluyan en la primera encíclica de León XIV. Robert Francis Prevost presenció, durante su infancia, los efectos de otro gran proceso de transformación económica: el declive industrial del llamado Rust Belt estadounidense. Criado en Dolton, un suburbio de Chicago marcado por luchas sindicales y por las consecuencias de la desindustrialización, vivió de cerca el impacto que estos cambios tuvieron sobre familias y comunidades enteras. Es probable que allí se encuentren algunas de las raíces de las preocupaciones sociales que hoy articulan su magisterio. En ese contexto, la presencia de Tolkien en Magnifica Humanitas aparece no sólo como una referencia incidental, sino como una posible clave interpretativa para comprender su diagnóstico de nuestros tiempos.
