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Sobre la carta apostólica «Una fidelidad que genera futuro»

P. Hernán Quezada SJ

 

En el periodo final del Concilio Vaticano II (1965), que busca “poner al día” a la Iglesia que ha vivido dos guerras mundiales y quiere dialogar con el mundo moderno, aparecen dos documentos conciliares: Optatam Totius (28 de octubre de 1965) y PresbyterorumOrdinis (7 de diciembre de 1965).

Optatam Totius trata sobre cómo deben prepararse los futuros sacerdotes. La formación pastoral se presenta como el eje unificador. Toda la formación espiritual, intelectual y disciplinar en los centros formativos debe tener la finalidad pastoral; su objetivo es formar “verdaderos pastores de almas” a ejemplo de Cristo, y no meros funcionarios o académicos.

 

 

La Palabra adquiere centralidad en la formación sacerdotal; los estudios de la Sagrada Escritura deben ser el “alma de toda teología” , y se llama a una renovación de todas las disciplinas teológicas por un contacto más vivo con el misterio de Cristo y la historia de la salvación.

Se insiste en que la formación espiritual debe completarse con la madurez humana y psicológica; se anima a completar con los últimos hallazgos de la “sana psicología” y de la pedagogía para ayudar a los candidatos al sacerdocio.

En este decreto se introduce la novedad de la descentralización y la adaptación cultural; es decir, no se pueden dar leyes idénticas para todos. Así pues, se deben establecer ritos propios y normas de formación para cada realidad eclesial, siempre bajo la aprobación de las Conferencias Episcopales.

 

 

Finalmente, se deja de ver la vocación solo como un asunto del seminario y se declara que el deber de fomentar las vocaciones pertenece a “toda la comunidad de los fieles”.

Por su parte, Presbyterorum Ordinis profundiza en la identidad teológica y la misión del sacerdote en el mundo. Define a los presbíteros como colaboradores necesarios del Orden episcopal. Su ministerio se describe participando de la triple función de Cristo: Maestro (ministros de la Palabra), Sacerdote (ministros de los sacramentos/Eucaristía) y Rey (rectores del pueblo de Dios).

El decreto aborda el problema de la dispersión entre la vida interior del sacerdote y la actividad exterior. Presenta como solución la “caridad pastoral”: los sacerdotes alcanzan la unidad y la santidad no en prácticas aisladas, sino en el ejercicio de su ministerio (uniéndose a Cristo al servir al rebaño).

Los sacerdotes, plantea el decreto, son segregados en cierta manera para su misión, pero no para separarse de los hombres y mujeres, sino para vivir en medio de ellos, conocer sus problemas y no ser extraños a su condición humana para poder servirlos. Así, tienen una presencia en el mundo, pero sin ser del mundo.

El decreto rompe con una visión localista; es decir, el don recibido prepara para una misión “amplísima y universal”, e insta a los sacerdotes a estar dispuestos a ir a regiones donde falte clero. Enfatiza que ningún presbítero actúa aisladamente, sino que todos están unidos en una íntima fraternidad sacramental, lo que exige ayuda mutua y comunión de vida y trabajo.

Finalmente, tiene una palabra sobre la relación con los laicos: ésta no es de superioridad, sino de hermandad. Los presbíteros son “hermanos entre los hermanos” con todos los bautizados, llamados a servir y promover la dignidad y carismas de los laicos.

Ambos textos cumplen 60 años de su publicación , y el Santo Padre, León XIV, ha querido dar relevancia a estos decretos publicando una carta apostólica: “Una fidelidad que genera futuro”, que funciona como un “puente” de actualización de los dos textos conciliares, publicados hace 60 años.

Una fidelidad que genera futuro es una relectura de Optatam Totius y PresbyterorumOrdinis; de algún modo, coloca estos dos decretos bajo nuestra mirada y propone aportes importantes, como la introducción de un eje central: la fidelidad, no como llamada a preservar un pasado “petrificado”, sino como una fuerza que “genera futuro”. La fidelidad es presentada por el Papa en cuatro dimensiones: Fidelidad y vocación, que es un don que debe ser custodiado en una dinámica de conversión permanente; Fidelidad y fraternidad, otro don inherente a la gracia de la Ordenación, que nos lleva a hacer presente cada vez más nuestra relacionalidad y comunión; Fidelidad y sinodalidad, una fuerte invitación del Espíritu Santo a dar pasos en esa dirección, que no elimina las diferencias, sino que las valoriza, y tiende a una conducción cada vez más colegiada, en cooperación, que no identifica la potestad sacramental con el poder. Y finalmente, Fidelidad y misión, fidelidad a la misión que se ha recibido.

La carta de León XIV integra la teología del sacerdocio del Vaticano II con la eclesiología de la comunión y la sinodalidad desarrollada en las últimas décadas. La carta introduce una advertencia muy actual sobre la cultura digital en estos tiempos de hiperconectividad y activismo; alerta sobre la tentación del eficientismo (valer por lo que se hace y no por lo que se es) y el riesgo del “personalismo” en redes sociales, y propone cuidar que el centro sea Cristo y no el sacerdote.

 

El texto profundiza lo que Optatam Totius comenzó respecto a la formación de los afectos; exige ahora que los centros formativos sean una “escuela de los afectos” —necesitamos aprender a amar y a hacerlo como Jesús— para prevenir el narcisismo y los abusos.

En el tema de sinodalidad, va más allá de la “cooperación” de Presbyterorum Ordinis y propone un cambio de estilo de liderazgo que supera exclusivismos y el centralismo del párroco.

Una fidelidad que genera futuro toca el tema de la escasez de vocaciones al sacerdocio; sin ahondar en el tema, hace un llamado pertinente: hay que tener el valor de hacer a los jóvenes propuestas fuertes y liberadoras impregnadas de Evangelio.

Esta carta apostólica no elimina ni olvida, sino que integra y completa; actualiza los criterios para vivir el sacerdocio ministerial en el siglo XXI y formar para ello.

León XIV, con este texto, deja claro que su pontificado reconoce que el Concilio Vaticano II tiene mucho que aportar a los desafíos del mundo de hoy.

 

 

 

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