Red LAPSI
“…debemos recurrir a los principios de la Doctrina social:
dignidad de la persona, bien común,
destino universal de los bienes,
subsidiariedad, solidaridad y justicia,
como criterios para juzgar si las tecnologías
sirven realmente a la humanidad o terminan por someterla,
y considerarlas como orientaciones para nuestras decisiones”.
(MH 183)
Introducción
La Carta Encíclica Magnifica Humanitas, promulgada por el Santo Padre León XIV, firmada el 15 de mayo, a 135 años de Rerum Novarum de León XIII, aborda la salvaguarda de la persona humana y la preservación de su dignidad intrínseca frente al avance acelerado de la Inteligencia Artificial (IA) y de las tecnologías digitales. El texto contextualiza el panorama contemporáneo bajo las denominadas res novae (realidades nuevas) de nuestra era, proponiendo un contraste analógico entre dos imágenes bíblicas fundamentales: la Torre de Babel, que simboliza el orgullo tecnocrático, la homogeneización y la pérdida de la dimensión humana, y la Reconstrucción de Jerusalén (liderada por Nehemías), que representa el esfuerzo comunitario, la corresponsabilidad y el desarrollo orientado al bien común. El objetivo central del documento es establecer un discernimiento ético, teológico y social que garantice que el progreso tecnológico permanezca subordinado a la centralidad y a la trascendencia del ser humano.
Puntos Principales
• Fidelidad Dinámica y Evolución del Magisterio (Capítulo I): La Iglesia fundamenta su actuación en la historia a través de un caminar conjunto con la humanidad, promoviendo el diálogo constante entre la sabiduría de la Palabra de Dios y las ciencias humanas. La Doctrina Social de la Iglesia (DSI) es reafirmada como un instrumento de discernimiento comunitario dinámico. El capítulo traza una línea evolutiva histórica del magisterio social —desde la encíclica seminal Rerum Novarum de León XIII, pasando por las transformaciones del Concilio Vaticano II con San Juan XXIII y San Pablo VI, hasta los aportes recientes de San Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco—, demostrando la continuidad orgánica de la Iglesia en la lectura teológica de las crisis de cada época.

• Fundamentos Ético-Teológicos y Principios de la DSI (Capítulo II): El documento ancla su crítica en los fundamentos clásicos de la antropología cristiana, destacando al ser humano como imagen y semejanza del Dios trinitario. De ello se deriva la dignidad inalienable e igualitaria de cada individuo, base de todos los derechos humanos. Ante la era digital, el texto reitera y actualiza los principios orientadores de la DSI en base a los desafíos de las nuevas tecnologías:
• El Bien Común: Redefinido para abarcar el ecosistema digital y la inclusión social.
• El Destino Universal de los Bienes: Que impide el monopolio privado de las innovaciones y de los datos.
• La Subsidiariedad y la Solidaridad: Como salvaguardas contra la centralización algorítmica y el aislamiento social, con una mirada puesta en las generaciones futuras.
• La Justicia Social: El texto retoma la reflexión de Dilexi te (2025) sobre las estructuras de pecado y desigualdad, reforzando el rol de la justicia social como principio de orden social, en especial en relación a desigualdades que se generan con el desarrollo tecnológico. Esta puede ser considerada la primera encíclica que pone a este principio al mismo nivel que otros principios clave de la DSI como son la solidaridad y el bien común.
• El Desarrollo Humano Integral: Métricas para evaluar si la revolución digital realmente sirve a la totalidad del ser humano y a todas las personas.
• Crítica al Paradigma Tecnocrático y Desafío de la IA (Capítulo III): Retomando críticas anteriores a la tecnocracia, el Pontífice analiza la concentración de poder digital y el papel de la Inteligencia Artificial. Aunque reconoce el valor instrumental de la IA, advierte que su gobernanza exige responsabilidad, transparencia y control humano riguroso. El texto confronta las corrientes ideológicas del transhumanismo y del posthumanismo, que promueven una búsqueda desordenada de la perfección técnica y de la superación de los límites biológicos. León XIV argumenta que la verdadera grandeza humana reside en la aceptación de nuestra finitud, en la capacidad de amar y en la apertura a la trascendencia (el verdadero «más que humano» promovido por la Gracia), y no en la fusión hombre-máquina.
• Salvaguarda de lo Humano en las Estructuras Sociales (Capítulo IV): El documento examina las repercusiones prácticas de la digitalización en esferas cruciales de la sociedad:
• La Verdad como Bien Común: El combate a la desinformación, la necesidad de una ecología de la comunicación y una nueva alianza educativa en la escuela.
• Dignidad del Trabajo: Ante el riesgo de desempleo estructural causado por la automatización, se defiende una economía que priorice al trabajador sobre la pura eficiencia del capital.
• Familia, Jóvenes y Libertad: La advertencia contra nuevas formas de dependencia digital, vigilancia algorítmica y control social, que debilitan los lazos comunitarios primarios y generan nuevas formas de esclavitud económica moderna.
Así también en este capítulo exhorta a que se regule la IA, mediante políticas públicas que controlen su accionar, ante cualquier forma de atentar contra el bien común o la misma integridad física de los seres humanos, para el caso de guerras, de noticias falsas (fake news), y otras formas que influyen en la mayoría de personas que usan la IA, así como la ética en la creación de documentos ya que los realiza siguiendo un algoritmo, y no basa nada en sintonía con la propia humanidad.
• La Cultura del Poder frente a la Civilización del Amor (Capítulo V): El capítulo final denuncia la persistencia de una «cultura del poder» que perpetúa la lógica de la guerra, la carrera armamentista y la aplicación de la IA en sistemas de armas autónomas (los riesgos de delegar decisiones de vida o muerte a algoritmos). El Papa señala la fragilidad del multilateralismo en las relaciones internacionales y propone el compromiso activo en la construcción de una «civilización del amor». Esto requiere desarmar el lenguaje, asumir la perspectiva de las víctimas de los conflictos y revitalizar una diplomacia basada en la solidaridad y la justicia global.
Metodología
El enfoque metodológico empleado por el autor sigue la tradición hermenéutica clásica de la Doctrina Social de la Iglesia: Ver, Juzgar y Actuar. Inicialmente, el texto realiza un análisis fenomenológico y crítico de las transformaciones tecnológicas contemporáneas (Ver). A continuación, evalúa esos fenómenos a la luz de las Escrituras, de la tradición teológica y de la antropología cristiana (Juzgar). Finalmente, establece directrices éticas, pastorales y diplomáticas para orientar a gobiernos, instituciones y a la comunidad global en el manejo responsable de la tecnología (Actuar). Así también, en el abordaje de los desafíos actuales de la IA, logra un sincero diálogo entre principios teológicos y la tradición bíblica con pensadores y miradas seculares o que no son de la tradición católica, pero que presentan puntos de encuentro con el Magisterio social católico.

Conclusión
La encíclica concluye con un llamado a la responsabilidad personal y colectiva en la construcción del futuro digital («vea cada uno cómo edifica»). El Papa evoca el misterio de la Encarnación («El Verbo se hizo carne») para recordar que Dios santificó la materia y la corporeidad humana, las cuales no pueden ser descartadas ni consideradas obsoletas por utopías tecnológicas. Al proponer el Magníficat como cántico de esperanza, el Pontífice invita a la humanidad a reorientar sus aspiraciones: el progreso técnico sólo alcanzará su legítima finalidad si actúa como instrumento de justicia, fraternidad y promoción de la dignidad de aquellos que son más vulnerables en esta nueva era.
EQUIPO COORDINADOR DE REDLAPSI
Red Latinoamericana y Caribeña de Pensamiento Social de la Iglesia
Rosana Manzini, Juan José Richter, Eduardo Ramos, Miguel Gomez, Roxana Esqueff