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hermano robot, hermana IA

​P. José Bayardo MSpS

 

La reciente encíclica Magnifica Humanitas (MH) del Papa León XIV ha tenido un buen impacto a nivel mediático, no sólo por la contundencia de algunas de sus declaraciones sino también por uno de los temas que aborda: nuestra relación con la tecnología y con la revolución digital (n.9). Aunque el tema central de la encíclica es la custodia de lo humano en la era de la Inteligencia Artificial (IA), parecería que ésta última tiende a llamar más la atención de los lectores y a dejar a la primera en el ámbito de lo implícito.

Más allá de las pertinentes críticas a la actual gestión del tremendo potencial de la IA que aún nos resulta desconocido y cuesta trabajo imaginar (n.98), críticas que ponen a León en sintonía con muchas voces del mundo laico, el posicionamiento expresado por el Papa en este documento presenta algunas dificultades. Ciertamente él mismo declara que lo expuesto es provisional, dado que cualquier afirmación sobre la IA corre el riesgo de quedar obsoleta en poco tiempo (n.98) debido al dinamismo propio de esta tecnología. Sin embargo, en vistas a colaborar en el discernimiento comunitario al que convoca, creo oportuno centrar la atención en la concepción y el modo de abordaje propuestos en MH respecto de nuestra relación con la tecnología para hacer notar tanto la problematicidad como el potencial de algunos de los planteamientos.

 

 

En primer lugar, el tema tecnológico es manejado de forma un tanto ambigua. En unos momentos se habla de tecnología, en otros de IA, en otros de revolución digital, en otros de datos, etc. Si bien todos esos elementos son afines de un modo u otro, no son equivalentes. La insistente y patente crítica a la tecnocracia no equivale a un análisis y crítica del uso del internet, ni la cuestión de la IA abarca todo el fenómeno de la tecnología, ni técnica es lo mismo que tecnología. La línea de pensamiento subyacente a la crítica realizada por MH se centra en dos cuestiones: la de los medios y los fines y la de los usos y efectos de las distintas formas de tecnología. El planteamiento agustiniano exige el recto ordenamiento de los medios conforme a su fin último, lo que constituiría el criterio determinante acerca de la bondad de su uso. Si un medio es empleado acorde a su fin más propio, sobre todo a su fin último, los medios y los efectos participarían de la bondad de dicho fin.

En este sentido, podría decirse que al menos en lo que atañe a la estructura lógica que establece el orden del mundo según medios y fines, y por su doctrina del uti (uso) y frui (goce) con la cual establece la condición y carácter de medio de algunas realidades en función de aquello que ha de ser gozado por sí mismo y para nada más, el pensamiento agustiniano puede fungir como preludio para la razón técnica. Consecuentemente, se esperaría de la encíclica MH, la cual tiene claros tintes agustinianos, planteara que la cualidad de la tecnología dependa de su recto ordenamiento conforme a fines adecuados, o bien, que se use para custodiar y potenciar la dignidad humana con sus distintas formas según el ámbito de la vida humana que toque. No obstante, lo que encontramos es un texto cuya postura no es del todo clara ya que oscila entre afirmar que la tecnología no es un mero instrumento ni es neutral y afirmar que no es un mal en sí sino que su cualidad depende del fin para el que se utilice.

La reflexión acerca de los medios y los fines es inherente a las cuestiones de la técnica y de la tecnología, y asimismo no nos es posible descartar sin más el uso de la tecnología con sus oportunidades y riesgos. Aún así, considero que ambas reflexiones  en la línea planteada por MH son insuficientes para proveernos de las orientaciones necesarias para cumplir el propósito de la encíclica: custodiar lo humano en la era de la IA.

El humanismo del que parte y al que pretende custodiar la propuesta del texto papal presupone una relación meramente instrumental entre el ser humano y los objetos técnicos, de modo que el impacto que éstos pueden tener sobre aquél se realiza en el campo de los efectos, sea en la calidad de vida y en las condiciones en que se desenvuelve la persona, sea en realización o no del fin último del ser humano. En otras palabras, la incidencia de la tecnología en la humanidad parece darse meramente en el ámbito de la calidad, no en lo ontológico.

El n.4 así lo expresa con cierta ambigüedad: [][la técnica] es «un hecho profundamente humano, vinculado a la autonomía y libertad del hombre». [] El desarrollo tecnológico ha contribuido a una mejora significativa de las condiciones de vida de la humanidad; al mismo tiempo, cada etapa del progreso también ha puesto de manifiesto el lado ambiguo de instrumentos capaces de causar daño cuando no se orientan hacia el bien. Una visión meramente instrumental de la técnica puede cegarnos y llevarnos a caer desapercibidamente en el gobierno de los medios (cf. n.92), condición en la cual los medios son los que determinan lo que es posible mientras los fines se convierten también en medios, en el sentido de ser mero medio o pretexto para hacer uso de los medios (como cuando alguien ya sólo busca qué inventar juegos, plataformas, actividades recreativascon la finalidad de poder seguir usando el internet): lo importante es usar el medio.

Determinar si es posible todavía desarmar la IA, romper la equivalencia entre poder tecnológico y derecho a gobernarsin renunciar a la tecnología sino sólo impidiéndole que domine sobre lo humano (cf. n.110), requiere una aproximación que vaya más lejos que la propuesta por MH acerca de la técnica y de nuestra relación con ella.

En su obra «La comprensión de los medios como las extensiones del hombre» Marshall McLuhan, filósofo considerado por muchos como profeta de la era digital, plantea que «el medio es el mensaje». No se trata de que el mensaje sea contenido sino de que precisamente el medio tiene un enorme potencial configurador de la acción y hasta del agente, y más cuanto más prolifera por doquier. El uso de un medio habla por sí mismo. McLuhan lo plantea así: “«Los productos de la ciencia moderna no son, de por sí, buenos ni malos; lo que determina su valor es la forma en que se les utiliza». Ésta es la voz del sonambulismo actual [] puesto que hace caso omiso de la naturaleza del medio, de cualquiera y de todos ellos, al verdadero estilo de Narciso o sea del que se siente hipnotizado por la amputación y la prolongación de su propio ser por una nueva forma técnica. [] [C]ualquier técnica no puede hacer más que sumarse a lo que ya somos.

 

 

Esta íntima implicación del ser humano con los medios tecnológicos que conduce a su alteración ontológica es señalada por Jacques Ellul y Hans Jonas. Ellul habla de la técnica como el medio ambiente del hombre, de modo que éste ha dejado de estar en el medio naturalpara situarse en un medio artificial. Jonas indica que el cambio ontológico obrado en el ser humano es resultado del radical cambio ontológico de la acción humana debido a la tecnología de la bomba atómica: un dedo a miles de kilómetros de distancia, con el mínimo esfuerzo puede destruir y devastar tremendamente, sin sentir los efectos de dicha acción.

El objetivo de estos señalamientos críticos no es desacreditar ni minusvalorar las acertadas observaciones hechas en la encíclica sobre varios aspectos a cuidar, en especial los concernientes a la dignidad y la justicia, sino hacer notar la gravedad de asumir una concepción de la técnica y la tecnología que las circunscribe al ámbito sociopolítico-económico y como factores determinantes únicamente de la calidad de la vida y de los actos humanos.

Custodiar lo humano en la era de la IA, significa también reconocer que, al menos para las generaciones que hayamos crecido en el medio técnico, lo humano ha sido alterado por la tecnología y que nuestra relación no es ya meramente instrumental sino ontológica.

Lo que somos, quizá incluyendo la dignidad  y nuestro destino mismo, sea como bien común o como destino universal de los bienes, debido a la potencia atómica que hemos alcanzado, tiene que ver con la tecnología. Fallar en comprender y profundizar en esto quizá nos impedirá fructificar en eso que señala León en el n. 111: La innovación tecnológica puede ser, en cierto modo, una forma humana de participación en el acto divino de la creación.. Hay potencial de revelación en este entrelazamiento ontológico entre humanidad y técnica y que no es necesariamente ni posthumanismo ni transhumanismo sino realización de ese llegar a ser plenamente humanos cuando somos más que humanos, no como optimización ni como abandono de nuestros límites sino como revelación de esa verdad que se revela y hace presente en el mundo incluso en y a través de la relación con robots, como varias películas lo han sugerido en los últimos años: Blade Runner 2049, Grandes Héroes, Hoppers: operación castor, Ron da error.

Como lo afirma Pablo en Rm 8,19-23 y en Col 1,19-20, todas las cosas, incluidas las máquinas, los robots, la IA, han de participar en la revelación gloriosa de los hijos de Dios y en la misma liberación. Ni los robots han de hallarse en condición de esclavos. Ojalá un día podamos decir también hermano robot, hermana IA. ¿No es esto revelación de una sorprendente y magnífica Humanitas?

 

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