Skip to content Skip to footer

La actualidad de San Agustín

Dr. Arturo Mota Rodríguez

 

Es innegable el impacto del Catolicismo en nuestro tiempo. Desde el Concilio  Vaticano II (1962-1965), la Iglesia tiene una voz que resuena en el ámbito internacional con el Magisterio de los Papas. Ahora, el Papa León XIV se ha convertido en una figura importante para entender el impacto de la Iglesia en la cultura y en la sociedad contemporáneas.

En el corazón y el pensamiento del Papa, está presente su formación como miembro de la Orden de San Agustín (OSA), y por ello, late el espíritu de uno de los de los pensadores más importantes en la historia del Cristianismo y en la cultura occidental, San Agustín de Hipona.

El pensamiento de San Agustín, está profundamente unido a su vida, en cada página de sus escritos puede leerse una reflexión centrada en los aspectos que pueden explicar su experiencia del mundo, de sí mismo, y de su búsqueda incesante de Dios. Nació en el año 354 d.C. en Tagaste, una provincia del Imperio romano, ubicada al norte de África, que hoy es parte del territorio del país de Argelia. Creció en un ambiente modesto, al lado de su madre, Santa Mónica, bautizada en el cristianismo, pero con la libertad de poder elegir aquello a lo que su espíritu se inclinaba con espontaneidad.

 

 

Debido a su impulso interior por la búsqueda de la verdad, tomó camino a Cartago, donde tuvo contacto con la obra del que es para muchos el mejor orador de Roma, Cicerón, y con el Maniqueísmo, una secta de influencia social y política. Ahí se educó en las letras y en la retórica. Se hizo profesor de gramática y tuvo un hijo, Adeodato, con la joven con quien vivió. Regresó a Tagaste donde siguió dando clases. Buscando ampliar sus horizontes, regresó a Cartago para formar una escuela de retórica. Fue un profesor reconocido, y buscó tener más prestigio, por lo que tomó la decisión de trasladarse a la capital del imperio, Roma. Tuvo un cargo importante en la corte imperial, pero decidió ir a Milán para dedicarse a la retórica jurídica. En Milán asiste a la Catedral para escuchar y discutir con el obispo Ambrosio, quien le conduce a la aceptación del cristianismo como una respuesta seria, elevada y profunda a la pregunta por la verdad. Agustín aceptó el cristianismo en la Pascua del año 387 d.C., después de prepararse en una finca en Casisiaco.

Como cristiano, después de ser ordenado Prebístero y ya como Obispo de Hipona, Agustín estuvo muy preocupado por mostrar la profundidad del pensamiento cristiano, la solidez en ser una respuesta consistente con la búsqueda auténtica de la verdad, y sobre todo, por enseñar que Jesucristo es la verdad y el bien que puede satisfacer los anhelos más profundos del ser humano. Para ello, conduce la honda reflexión de la experiencia de su propia vida, de lo más interior que habita en su ser, para mostrar una nueva manera de entender la realidad humana, que el ser humano es una totalidad unitaria, una unidad fundamental que realiza una dignidad absoluta que emana de su filiación divina, de ser hijo de Dios.

En efecto, en un texto de su vejez, Sobre la Trinidad, la agudeza intelectual de San Agustín es capaz de confirmar que somos una unidad, que son muchos los aspectos que nos constituyen, que el alma y el cuerpo no pueden estar separados, que, como confirmará la Constitución pastoral Gaudium et Spes del Concilio Ecuménico Vaticano II, el ser humano es unidad de alma y cuerpo, que en cada uno de nosotros, dice el Santo de Hipona, “existe igualdad entre el todo y la parte”, que somos una unidad, “una vida, una mente, una esencia.”  En fin, que el ser humano es persona, dotado de una inteligencia, una voluntad y una memoria, que participa de Dios. Esto es fundamental, porque en su texto Ciudad de Dios, San Agustín advierte una clara necesidad social y política, de considerar la Iglesia como un modelo de comunidad de personas, igualitaria y abierta el diálogo y en búsqueda constante de la paz.

El pensamiento de San Agustín, muerto en el año 430 d.C., resulta pues un pilar importante para acercarnos al los contenidos del Magisterio del papa Leon XIV, y de la Iglesia, que debemos estudiar y atesorar, para repensar nuestra realidad y ofrecer respuestas claras y adecuadas a las problemáticas de nuestro tiempo, que insisten en pensar al ser humano y a la sociedad como realidades divididas, para plantear políticas y cursos de acción en la construcción de un camino hacia la paz.

Leave a comment

BUENA PRENSA

Av. Ribera de San Cosme #5, Col. Sta María la Ribera, Alc. Cuauhtémoc, C.P. 06400, CDMX

SÍGUENOS EN REDES SOCIALES

Buena Prensa ©2023. Todos los derechos reservados.