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Nuestra Señora del Rosario

Natalia H. Miedzinski

INTRODUCCIÓN:

La Iglesia católica ha puesto siempre en la Madre de Dios toda su confianza. La Virgen María, es la Auxiliadora, Bienhechora y Consoladora de las mujeres y hombres en medio de sus fatigas.

Confiando en su valioso patrocinio los cristianos de todos los tiempos se refugian bajo su escudo amoroso implorando sus socorros. A la Madre de Cristo suelen los fieles entretejer las místicas guirnaldas, las oraciones de «catena aurea», cadena de oro: El Santo Rosario. La Iglesia repetidamente ha alentado el rezo de esta oración, recordando que Rosario une espiritualmente a los fieles a María, eficaz intercesora y los conduce por mediación de Ella hacia su Hijo Celestial, Redentor nuestro, Jesucristo.

 

 

SANTO ROSARIO. HISTORIA.

Los orígenes del Rosario se remontan a la antigua práctica monástica del siglo IV cuando los padres del desierto como San Antonio Abad, oraban con el auxilio de una cuerda de nudos («komboskini») repitiendo frases bíblicas para alejar los malos pensamientos. Los primeros vestigios históricos del Rosario en la Iglesia los encontramos en la tradición oriental de recitar el saludo del Ángel a la Virgen difundido en los siglos XI y XII en Occidente. Sin embargo, existe registro datado al siglo VII de esta oración como antífona del ofertorio del IV Domingo de Adviento.

Hasta el siglo XII se conoce Rosario en forma letánica. Ésta práctica nace con el fin de que los fieles analfabetas puedan sumarse a las oraciones cotidianas que entonaban los monjes en los monasterios. De allí se cree que se origina el número de ciento cincuenta avemarías que finalmente se estableció para el Rosario, que corresponde al número de Salmos que componen el Salterio.

Se atribuye el origen del Rosario a Santo Domingo de Guzman, a quien se le adjudica también composición del orden sucesivo de los misterios de Cristo acompañado con la mística corona tejida de la salutación angélica e intercalado con la oración dominical a Dios Padre de Nuestro Señor Jesucristo.

Gracias a la predicación de santo beato Alano de Rupe siglos después (1470), se destaca el fervoroso rol en la difusión del Psalterium Mariae Virginis al Santo Dominico,el mismo quien decidió emplear esta oración, fuente de innumerables gracias, en la lucha contra las herejías de su época.

El papa León XIII en su Encíclica Supremi Apostolatus del año 1883 así recuerda la hazaña heroica del fraile: «Contra tan terribles enemigos, Dios suscitó en su misericordia al insigne Padre y fundador de las Orden de los Dominicos. Este héroe, grande por la integridad de su doctrina, por el ejemplo de sus virtudes y por sus trabajos apostólicos, se esforzó en pelear contra los enemigos de la Iglesia Católica, no con la fuerza ni con las armas, sino con la más acendrada fe en la devoción del Santo Rosario, que él fue el primero en propagar, y que sus hijos han llevado a los cuatro ángulos del mundo. Preveía, en efecto, por inspiración divina, que esta devoción pondría en fuga, como poderosa máquina de guerra, a los enemigos, y confundiría su audacia y su loca impiedad.»

 

 

El mismo fraile, Alano de Rupe, inspirado por apariciones místicas y tras la desolación de gran parte de Europa por la peste negra y olvido de la recitación de las reiteradas preces, ordena la restauración de la antigua costumbre. A él se le atribuye la revelación de las quince promesas manifestadas por la Virgen, bendiciones espirituales a todos aquellos que recen el Santo Rosario con devoción.

Es hasta el siglo XVI cuando la Liga Santa, creada por el papa Pío V enfrenta el Ejército Otomano en la histórica batalla naval de Lepanto, cuando la humanidad recurre nuevamente a la Virgen María. Ante la amenaza del yugo barbárico el Papa convoca a toda la cristiandad a «hacer propicio a los cristianos a la todopoderosa Madre de Dios y de atraer sobre ellos su auxilio, invocándola por medio del Santísimo Rosario.» Tras la victoria 7 de octubre del 1587 papa Pío V atribuye el triunfo a la intercesión de la Virgen María y, en agradecimiento, instituye la fiesta litúrgica de Santa Maria de la Victoria. Sin embargo es su sucesor, papa Gregorio XIII quien en la bula papal cambia oficialmente el nombre de la festividad al de la Fiesta de Nuestra Señora del Rosario.

Además decreta que esta fiesta se celebrará formalmente el primer domingo del mes de octubre. Otro papa, Clemente XI extiende la festividad de Nuestra Señora del Rosario a toda la Iglesia universal en el año 1716. El papa León XIII, conocido como «El papa del Rosario” dedica desde 1883 hasta 1898, nueve encíclicas a la devoción y propagación del Santo Rosario de María señalando cual poderosa protección a la fe ofrece esta oración, y cuantos modelos notables de virtud se encuentran en los misterios propuestos para la contemplación. Gracias a León XIII el orbe entero conoce cual fácil es la devoción y cual adecuada para el pueblo, ofreciendo un buen modelo para la vida doméstica en la meditación sobre la Sagrada Familia de Nazaret y experimentando sus efectos salvíficos.

Los cristianos del siglo XX lastimados por la violencia, muerte y destrucción buscan en la Inmaculada refugio seguro. El papa Pio XII alienta al pueblo de Dios en su encíclica Ingrentium Malorum (1951):«Ante peligros tan graves, sin embargo, no debe abatirse vuestro ánimo, Venerables Hermanos, sino que, acordándoos de aquella divina enseñanza: «Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá» (Lc 11, 9), con mayor confianza acudid gozosos a la Madre de Dios, junto a la cual el pueblo cristiano siempre ha buscado el refugio en las horas de peligro, pues Ella «ha sido constituida causa de salvación para todo el género humano»

 

 

Dos años después, (Carta Encíclica Fulgens Corona de 1953) el obispo de Roma proclama el Año Mariano para conmemorar el centenario de la definición del Dogma de la Inmaculada Concepción adornando la Excelsa Virgen con tales títulos: Lirio entre los espinas, Tierra completamente intacta, Siempre bendita, Fuente siempre clara, inalterada y siempre perfecta, por la naturaleza mas hermosa, mas graciosa y mas santa que los querubines y serafines mismos y toda la hueste de los ángeles. En 1954 el mismo papa instituye la Fiesta de María Reina.

Los Papas siguientes seguirán ensalzando a la Madre de Dios y exhortando a buscar su intercesión en momentos de angustia. El papa Pablo VI ordena suplicas a la Santísima Virgen para el mes de octubre (Christi Matri, 1966), subrayando el sentido cristocéntrico de las diversas formas de piedad hacia la Madre de Dios, que se desarrollan en, armónica subordinación al culto a Cristo y gravitan en torno a Él como su natural y necesario punto de referencia.

Finalmente, el papa Juan Pablo II en su largo pontificado bajo el lema “Totus Tuus” se manifiesta como incansable promotor del Santo Rosario: presenta Rosarium Virginis Mariae (2002) señalando que la difusión milenaria de esta oración se debe al soplo del Espíritu Santo y que gracias a su sencillez y profundidad esta destinada a producir frutos de santidad también en nuestros tiempos.

Ademas, el Papa Juan Pablo II añade un nuevo grupo de misterios, luminosos, dedicados a la vida pública de Jesús y declara Año de Rosario (desde octubre 2002 hasta octubre 2003) promoviendo su rezo por la paz mundial y por las familias.

CONCLUSIONES

Maria, Stella matutina, aurora que precede la salida del sol, escondida hija de Sion, pero excelente obra del Altísimo,  En el Santo Rosario, resuena tu perenne Magnificat, por la obra de la Encarnación redentora en tu seno virginal. Con las santas preces, donde el fervor de corazón sincero disipa las tinieblas y hace brillar la luz de la fe, el pueblo cristiano aprende de Ti contemplar la belleza del rostro de Cristo. Te pedimos, ¡oh celestial Patrona!, concede a quienes recurren a ti el favor de ver acrecentarse sus virtudes, y a los descarriados el de volver al bien y entrar de nuevo en el camino de salvación. Amén.

 

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