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Comentario a la Encíclica «Magnifica Humanitas» del papa León XIV

Dr. Arturo Mota Rodríguez*

 

Este 25 de mayo ha sido publicada la primera Carta Encíclica del Papa Leon XIV, Magnifica humanitas, cuyo tema central esel replanteaamiento de los principios fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia como una ética general, a partir del cuidado de la dignidad de la persona, la justicia (en sus dos modos principales, distributiva y conmutativa, alineados a la subsidaridad y la solidaridad), y el bien común, para abordar críticamente el contexto actual de la revolución que implica la inteligencia artificial (n. 96). Es por supuesto significativo que haya sido firmada un 15 de mayo, fecha de aniversario 135 de la promulgación de la Carta Encíclica Rerum novarum por parte del Papa Leon XIII, documento que inicia lo que conocemos como Doctrina social de la Iglesia Católica, para reflexionar sobre los impactos de la revolución industrial.

 

La historia de occidente ha vivido distintos fenómenos, que caracterizaron las crisis de las distintas épocas y que problematizaron la vida de las sociedades humanas, frente a los cuales se formularon respuestas críticas para afrontar sus impactos planteando al ser humano como un centro fundamental. Así lo hizo Sócrates frente a la crisis ateniense después de la Guerra del Peoloponeso, a finales del siglo V a.C.; con sus comedias, Aristófanes ironizaba la crisis social ateniense de la primera mitad del siglo IV a.C. En el Satiricón, del siglo III d.C., atribuido a Petronio, queda evidencia de pasajes que dan cuenta de una sociedad romana en crisis y decadencia, de su núcleo familiar, educativo y político. Y, por supuesto, los más importantes pensadores del Cristianismo antiguo enfrentaron la crisis de su época, planteando valientemente y con hondura intelectual, respuestas firmes y orientadoras desde uno de los fundamentos más importantes del pensamiento y la fe Cristianas, la dignidad de la persona. Así lo hizo San Agustín, quien, en medio de la profunda crisis del Imperio romano, y un tiempo después de haber establecido al Cristianismo como religió oficial del Imperio romano por parte de Teodosio, responde con su Ciudad de Dios a la acusación de la fe cristiana como la causa de la decadencia del Imperio y la sociedad de Roma, y lo hace contundentemente: es el vicio y el egoísmo de Roma la causa de su decadencia, no la virtud del amor a Dios y a la persona, que busca el bien del ser humano en su dignidad, elemento esencial del pensamiento cristiano, como repite LeonXIV (nn. 129 y 130).

 

Nuestra época, como otras, es también una época de crisis. Crisis en el sentido clásico, que proviene del griego krínein, que significa dividir o separar, es decir, es un tiempo en que carecemos de guías y principios sólidos para poder discernir, distinguir, saber separar, definir lo que acontece, y por lo mismo, de un sentido crítico profundo y sólido para formular respuestas adecuadas.

 

Algo parecido aconteció con la Revolución industrial, entre los siglos XVIII y XIX, que propuso con la Industria una nueva manera de realizar la vida económica, social y política en Europa, y en el mundo, generando problemas y confrontaciones que alcazaron incluso el nivel internacional. Se perdieron de vista o se ocultaron los principios más fundamentales que permiten la realización de una vida con sentido humano profundo: la dignidad de la persona, la justicia y el bien común, para la construcción de paz entre los pueblos y las naciones. La respuesta de la Iglesia fue clara y segura, el Papa Leon XIII, con Rerum novarum, atina a poner en el corazón de la Iglesia, una reflexión seria y sólida sobre la realidad de la vida humana en crisis, y proponer guías para generar respuestas congruentes con la dignidad de la persona como centro de la ética y moral de la Iglesia, y anotar que ésta es y debe ser una preocupación fundamental de la Iglesia católica en nuestro tiempo, ser un faro de esperanza y de paz en el mundo. (nn.29-32)

 

Ahora vivimos otra época de crisis, en otra revolución, la que ha generado eso que llamamos Inteligencia artificial (IA), aún por definir con mayor claridad (n.99). Está generando, como todas las crisis, una discusión sobre los valores que rigen la dinámica y la vida social, económica, laboral, política, jurídica, educativa y moral, de nuestra actualidad (n. 108). Es por supuesto muy significativo, pero a la vez, totalmente coherente, que el Papa Leon XIV, nos ofrezca en Magnifica humanitas, su primera Carta Encíclica, un documento en que la Iglesia retoma, profundiza y discute la dignidad de la persona como un centro fundamental para afrontar esta crisis y esta revolución de manera crítica, y para generar respuestas con un elevado sentido ético y humanista (n. 105). Ya el magisterio de Francisco, con Dignitas infinita, puso en el frente y preparó la discusión, con el contenido del valor absoluto de la dignidad humana (n. 53). Tocaba ahora a Leon XIV hacer el diálogo y la discusión seria y rigurosa con nuestra época de crisis a partir de ese contenido fundamental, ampliando el valor universal de los derechos humanos con un sentido verdaderamente cristiano (nn. 123-126), para iluminar la reflexión sobre los impactos del desarrollo tecnológico en las formas del trans y post-humanismo actuales (nn.115-117).

 

Pareciera que Leon XIV, siguiendo los pasos de San Agustín y Leon XIII, nos señala ahora un camino y una guía de pensamiento crítico (n. 136) frente a la revolución de nuestra época, con la publicación de Maginifica humanitas el próximo 25 de mayo, que será para el mayor bien de la Iglesia y del mundo, tan necesitado de humanidad y de un sentido verdaderamente ético para el “desarme” de la IA (n. 110), para alcanzar una realización de cursos de acción verdaderamente humanos, con el desarrollo de una política fundamentada en la verdad (n. 134), de una economía centrada en la dignidad de la persona (nn. 157-164), de una vida social preocupada por la madurez y el cuidado integral del ser humano (nn. 165-169), y con cauces que orienten la cultura actual del poder individual para moderarlo (nn. 188-209), y permitir que en nuestro mundo tan dividido, confrontado y sediento de paz, sea posible proponer y realizar una civilización del amor (n. 210), con sentido abierto de diálogo fraterno (nn. 219-222) entre personas y entre naciones, para realizar el verdadero cuidado a la casa común, con diplomacia y negociación centradas en la dignidad, la justicia y el bien común, entre las personas y entre las naciones, en perspectiva incluyente y realizadora del derecho a la esperanza (nn. 81 y 243) de los más vulnerables, para reconstruir colaborativamente la Jerusalén solidaria frente a la pretensión absolutista y excluyente de nuestra Babel (nn. 7-8).

*Universidad Pontificia de México

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