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El P. Miguel Agustín Pro SJ, la proyección temprana de su martirio

 

Dr. Jesús Joel Peña Espinosa

Conforme avanza el año 2026 se observan diversos actos vinculados a la memoria del acontecimiento cristero; tanto en escenarios académicos como en espacios donde tuvieron lugar los hechos de armas que enfrentaron a facciones de católicos con el gobierno federal. El tono de las narrativas es variopinto, desde la apología de la resistencia armada católica hasta la defenestración de los cristeros calificándolos de “fanáticos”. Lo mismo ocurre con muchos personajes, como los gobernantes, los prelados de aquel momento o los líderes laicos católicos. En medio del análisis de este proceso histórico sobresalen quienes regaron la tierra con su sangre, los mártires de aquel trance en la historia mexicana.

Uno de ellos, el jesuita Miguel Agustín Pro, ha sido objeto de diversos análisis sobre su vida, obra, vínculo con la resistencia católica y su martirio; y es, probablemente de quien más se ha escrito y no sólo en lengua española, con todo y no haber alcanzado aún la canonización, es el mártir cristero de mayor proyección. Inhumado bajo la mirada de una multitud que desde ese momento comenzó a mencionarlo como mártir y ejemplo en aquellos años recios, de palabra y por escrito se ponderaba ya su figura. No pasó mucho tiempo para que las prensas católicas comenzaran a difundir su vida y su fusilamiento como hechos edificantes para los católicos, y cuando se abrió la causa de canonización aumentaron las biografías buscando, entre otras cosas, que la feligresía pidiera su intercesión y con ello apuntalar su fama de santidad.

En la difusión de su vida, obra, personalidad y muerte, la editorial Buena Prensa ha tenido un papel destacado, y no podía ser de otra forma; para la Compañía de Jesús era signo de su influencia sobre México en momentos de crisis y prueba para la fe.

Poco después de haber sido fusilado en la Ciudad de México, en 1929 un condiscípulo de él, canadiense por nacionalidad, llamado Antonio Dragón, dio el campanazo publicando la primera biografía en Montreal que fue prontamente traducida a varios idiomas. Ya pensando en la posibilidad de un proceso canónico de santificación y también con el objetivo de poner a la mano un ejemplo en aquellos años de persecuciones en varios puntos del orbe, el propio jesuita Dragón escribió en francés Vida íntima del padre Pro, que sin duda ha sido el acercamiento más intenso y columna para sensibilizar a muchos sobre el carácter martirial, en el sentido más pleno del concepto, y contribuir en la causa de aquel sacrificado en la inspección de policía capitalina.

Buena Prensa entra en escena, ya que publicó en 1940 esta obra traducida por Rafael Martínez del Campo, también ignaciano; el texto llevó un prólogo del arzobispo de México, Luis María Martínez, quien puso el acento en la dimensión “íntima” del biografiado, en esa razón espiritual que guió al mártir. Dragón echa mano de sus propios recuerdos y de una pesquisa documental que diera fuerza y certidumbre a su prosa sobre la vida de Miguel Agustín; así, de alguna manera accedió a correspondencia que reprodujo en el libro con el objetivo de presentar la figura del biografiado en sus propias palabras, una manera de asomarse a su personalidad más profunda. También apeló a personas que estuvieron en su entorno o fueron protagonistas de diversos acontecimientos en la vida de mártir jesuita.

La parte más difícil de esta primera biografía es la narración del arresto y su fusilamiento. En la primera edición, el traductor Martínez del Campo completó diversos datos a la prosa de Antonio Dragón con el objetivo de dar claridad y precisión al aspecto martirial. Doce años más tarde salió a la luz una segunda edición, nuevamente bajo el sello de Buena Prensa; se utilizaron los mismos preliminares de la edición primera, pero Martínez del Campo decidió esta vez dejar el texto de Dragón sin cambios y añadió al final un apéndice sobre las pruebas del martirio y el estado que en 1952 guardaba la causa de beatificación. El quid desde entonces era dilucidar la no participación de Pro en el atentado contra Álvaro Obregón; por ello muestra testimonios de los involucrados en aquellos hechos, documentos y cartas, material obtenido hasta el tres de noviembre de dicho año. Esta edición se halla soportada por numerosas fotografías.

Nueve años más tarde, salió la tercera edición, esta vez bajo el sello de Jus en su colección de “Figuras y episodios de México”, la cual se anunció como “corregida”. Es en el aparato de notas a pie de página del último capítulo “El martirio” y en el apéndice, donde se hallan nuevas noticias y aclaraciones sobre los hechos del atentado y las averiguaciones posteriores. El apéndice está fechado por Martínez del Campo, como vicepostulador de la causa, el 23 de noviembre de 1960. Con posterioridad han aparecido reediciones de esta obra, nuevamente bajo la edición de Buena Prensa; sin duda es la biografía que ha dado pie a otros libros sobre el jesuita zacatecano.

En la misma tesitura de testimonios sobre Pro, escritos por parte de quienes le conocieron en vida, se hallan La alborada de un mártir, cuyo autor Adolfo Pulido fue connovicio del mártir y de igual forma elaboró un texto temprano pues fue publicado en 1933 al abrigo de la Revista Católica, que los jesuitas publicaban en El Paso (Texas), libro cuya tercera edición salió en Buena Prensa el año de 1952. Otra biografía es la de Bernardo Portas, quien fuera su director espiritual en Nicaragua, bajo el título Vida del P. Pro fue publicada por vez primera en 1931 y tuvo una segunda edición impresa por Buena Prensa en 1944. Finalmente, en 1976 el también jesuita Rafael Ramírez Torres, quien fue otro connovicio del zacatecano, sacó a la luz su abultado libro Miguel Agustín Pro. Memorias biográficas bajo el auspicio de la Editorial Tradición, con el objetivo de plasmar cuanto le conoció en la convivencia cotidiana de una forma objetiva, según sus propias palabras.

Renglón aparte conviene mencionar uno de los esfuerzos tempranos por conservar la memoria de Miguel Agustín, se trata del opúsculo elaborado por Eugenio Garcés Obregón, intitulado Vida del P. Miguel Agustín Pro de la Compañía de Jesús, que en 1931 publicara el arzobispado de México, gobernado entonces por Pascual Díaz Barreto.

La memoria fue presta en conservar numerosos aspectos de este gran personaje de la historia moderna del catolicismo en México, sus hermanos jesuitas pronto se dieron a la tarea de poner por escrito lo que sabían por experiencia propia y lo que pudieron averiguar con mucho ahínco y disciplina. Varios resultados de estos afanes hallaron en Buena Prensa el medio propicio para conservar y proyectar la figura del padre Pro desde los primeros momentos hasta esta ronda del centenario de la Cristiada.

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