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Para vivir en oración en el “Año de la Oración 2024”

*Tiempo de lectura: 5 minutos*

El Papa Francisco ha declarado el 2024 como el Año de la Oración, con el objetivo de que el Pueblo de fe se prepare para celebrar el Jubileo 2025. Así, el Año de la Oración comenzó oficialmente el domingo 21 de enero, durante la celebración del V Domingo de la Palabra de Dios, con el firme deseo del Papa Francisco de redescubrir la centralidad de la oración personal y comunitaria como una manera de estar en sinfonía con Dios, estar en su presencia, escuchándolo y adorándolo.

El Papa celebrando la Misa en el V Domingo de la Palabra de Dios 2024.

I. Para vivir en oración

Para vivir en oración debemos redescubrir y revalorizar lo que la oración misma significa, formulando preguntas como ¿Qué es la oración? ¿Qué dice la Biblia sobre la oración? ¿Por qué debo orar? ¿Cómo puedo saber si estoy orando correctamente?

II. ¿Qué es la oración?

La oración es una forma de comunicación, de conversación, con la que buscamos desarrollar una relación más profunda con Dios, acercándonos y cobijándonos en Él.

A lo largo de la Historia de la Salvación, el Pueblo de fe ha orado desde diversos sitios y por múltiples motivos, por lo que podemos asegurar que la oración es un acto libre, que no requiere de formularios, espacios ni posiciones específicas, sino más bien de un “corazón sincero” (Heb 10, 22).

Sin embargo, en la Biblia podemos encontrar ‘modelos de oración’ que nos permiten reflexionar sobre la manera en la que debemos orar, por ejemplo, la oración del Padrenuestro (Mt 6, 9-13) y la oración en el Huerto de los Olivos (Mt 26, 36-39).

Así mismo, encontraremos oraciones pronunciadas por múltiples motivos, ya sea buscando consuelo y fuerzas para seguir adelante ante las tribulaciones de la vida, o agradeciendo, bendiciendo y alabando a Dios por las maravillas de su creación.

“Sermón de la Montaña”, Carl Heinrich Bloch.
“Oración de Jesús en el Huerto”, de Leonel Gutiérrez Tamayo.

III. ¿Por qué debo orar?

Podemos enumerar tres razones bíblicas por las cuáles debemos orar continuamente:

  1. Dios mismo nos pide que oremos, porque desea tener una comunión con nosotros (Lc 18, 1-8 ; 1 Tes 5, 17 ; Is 55, 6 ; Sal 105, 4).
  2. Es la manera en la que podemos conocer a Dios y los planes que tiene reservados para cada uno de sus hijos e hijas, así como el vínculo perfecto para experimentar sus bendiciones y promesas (Lc 11, 5-13 ; Hch 1, 14 ; Hch 4, 31).
  3. Es parte de la gran comisión que Jesús nos ha entregado como miembros de su Iglesia. Así, cuando oramos, entramos en comunión con todo la Comunidad de fe, trabajando y creciendo como una fuerza conjunta (Mt 9, 38 ; 28, 19-20).

IV. La buena oración; la oración eficaz

Como se comentó al inicio de este artículo, la oración requiere de un corazón sincero para ser considerada una buena oración, lo que significa que debemos estar dispuestos a escuchar a Dios y sus verdades. De manera concreta, podemos numerar cuatro puntos con los cuales podremos desarrollar un corazón bien dispuesto y, con ello, una oración eficaz.

  1. Nuestro corazón debe de creer firmemente que Dios escucha nuestras oraciones, que puede darnos lo que necesitamos y que siempre hará lo mejor por nosotros, pues Él conoce nuestras necesidades (Mr 11, 24 ; Mr 9, 23 ; Heb 10, 22 ; Stg 1, 6).
  2. Debemos orar en el nombre de Jesús, reconociendo su poder, pues Él es “el camino, la verdad y la vida” (Jn 14, 6; 15-16).
  3. Nuestra oración debe de estar en sintonía con la voluntad de Dios y no con la nuestra, pues así evitaremos que nuestros deseos, intenciones, planes y propósitos se sobrepongan (Lc 22, 42).
  4. Finalmente,  debemos “perseverar en la oración” y “orar sin cesar” (1 Tes 5, 17 ; Col 4, 2), de tal manera que nuestra vida sea una oración continua. Así, entre más oremos, más estrecha se volverá nuestra relación con Dios, permitiéndonos vivir en auténtico discipulado.

Actualmente, existen múltiples materiales que son perfectos para adentrarnos en el tema, pero puedo recomendar dos en particular:

El ABC de la oración. Un material que intenta contagiar el amor por la oración, observando las formas en las que Jesús oró, así como los diferentes métodos de oración que, a lo largo de la historia de la Iglesia, se han utilizado para que cada persona, desde experiencia individual, pueda disponer su mente y corazón al momento de conversar con Dios.

Que mi vida sea una oración: Oraciones desde la Santidad, la Sagrada Escritura y la Tradición. Este es un libro de oraciones muy diferente a los demás, pues en este libro las oraciones no están dirigidas a santas y santos, ni son oraciones de origen desconocido. En este libro, encontraremos oraciones dirigidas a Dios Padre, a Jesús, al Espíritu Santo y a la Virgen María, del puño y letra de santas y santos de toda la historia de la Iglesia, desde el siglo I hasta nuestra época; oraciones que abarcan temas tales como la fortaleza, la tribulación, la alabanza, la eucaristía, el discipulado y mucho más.

En este Año de la Oración tenemos la oportunidad perfecta para desarrollar un corazón bien dispuesto y renovar nuestra vida espiritual, así que cosechemos juntos el fruto del Espíritu.

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