Skip to content Skip to footer

500 años de los frailes dominicos en México

 

Dra. Mónica Uribe

2026 resulta ser un año especial para la vida consagrada en México: se celebra el quinto centenario de la llegada de los dominicos a la Nueva España, concretamente a Veracruz, un 26 de junio de 1526. Imagine el lector la escena: doce frailes llegando a puerto y para recibirlos, el mismísimo Hernán Cortés, quién, según las crónicas, no dudó en besar reverentemente el hábito blanco y negro de aquellos frailes, cuya presencia él mismo había solicitado en 1524.

¿Por qué el conquistador hizo esa petición específica a la Corona? Además de que Cortés conocía el carisma dominicano  –predicar la Verdad a partir del estudio riguroso de los Evangelios, la tradición y el magisterio; y el apostolado; la vida universitaria, las misiones, el combate a las herejías -, podemos inferir cinco aspectos prioritarios para el proyecto político y religioso.

 

 

Primero: la evangelización requería de religiosos itinerantes altamente letrados, y qué mejor que franciscanos y dominicos, acostumbrados a predicar indistintamente en zonas urbanas y rurales, y a moverse por sus propios medios entre comunidades dispersas. El segundo es que los dominicos tenían experiencia en la conversión de paganos (frontera báltica) e infieles (cátaros en Francia y musulmanes en la Península Ibérica), y ya contaban con experiencia en la conversión de los pueblos originarios en Las Antillas, con un marcado acento en la defensa de los naturales, expresado por Fray Antonio de Montesinos en el Sermón de Adviento de 1511. Un tercer aspecto es que los dominicos, lo mismo que el resto de la Iglesia en España, habían pasado por un proceso de reforma interna, gracias al celo reformista del cardenal Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517), que obligó a las órdenes mendicantes a retornar a la estricta observancia  –pobreza, clausura y control de abusos– y a predicar en castellano (o en la lengua común), lo que garantizaba que a tierra firme americana llegasen frailes de probada virtud, multilingües, con experiencia misionera en zonas de reconquista (reino de Granada) o de conquista prolongada como en las Islas Canarias, donde el primer impulso evangelizador corrió a cargo de los franciscanos (siglo XIV y la primera mitad del XV), pero, cuando durante el régimen de los Reyes Católicos (1478-1496) se obligó a la conversión de los guanches, los frailes dominicos se encargaron de la empresa, ejerciendo la autoridad judicial conferida por la Santa Sede desde el siglo precedente.

El punto es que los dominicos garantizarían la pureza de la fe en los nuevos territorios, combatiendo las herejías, básicamente a los criptojudíos y posteriormente a los idólatras. Cabe decir que la Inquisición monástica, ejercida directamente por los dominicos funcionó de 1526 a 1571, cuando pasó al clero secular.

El cuarto aspecto, de central relevancia, es que Hernán Cortés estudió en la Universidad de Salamanca un par de años antes de embarcarse para América en 1504. Ahí tuvo contacto con los dominicos, cuyo convento de San Esteban era el referente eclesiástico de la vida universitaria. En este punto, hay que mencionar que Cortés no coincidió en Salamanca con fray Francisco de Vitoria (1583-1546), quien en 1526 -justo el año en que sus hermanos llegaron a tierras novohispanas- empezó a reflexionar sobre el derecho de gentes y puso los cimientos del derecho internacional.

 

Fray Francisco de Vitoria OP

 

A Vitoria y a la Escuela de Salamanca debemos no sólo el surgimiento de los derechos humanos, sino el concepto de la economía moral, la legitimidad de la propiedad privada, incluso de los indígenas, y la libertad de mercado, un tanto prefigurando a la doctrina social de la Iglesia. Después de 1540, los dominicos que arribaron a la Nueva España estaban imbuidos del pensamiento salmantino y lo aplicaron.

Retornando a 1526, ocho de aquellos frailes venían de España y cuatro procedían de la comunidad de La Española (hoy República Dominicana). Al igual que los franciscanos que habían llegado poco antes, enfermaron durante la travesía de algo llamado “modorra”. Fallecieron nueve en tierra firme, quedando la misión reducida a sólo tres frailes: Fray Domingo de Betanzos, líder de la misión, Fray Vicente de las Casas y Fray Gonzalo Lucero.

Así, los inicios en la Ciudad de México fueron difíciles, por decir lo menos, y apenas pudieron iniciar la construcción de un convento, capilla incluida, y de una cárcel para los reos de la Inquisición. No fue sino hasta 1533 que fue constituida la Provincia de Santiago de México (eso garantiza que en siete años más tendremos otro festejo dominico).

Para entonces, los frailes ya habían construido varios conventos: la casa madre, Santo Domingo de México (1527), los conventos de Oaxtepec (1528), Puebla y Oaxaca (1529) y poco después, Tepoztlán y Chimalhuacán, ambos en 1535.

Entre 1540 y 1600 se dio la etapa de expansión con la ruta de evangelización sur-sureste, en lo que hoy son los estados de Morelos, Oaxaca y Puebla, ruta que llegó hasta Guatemala. La Provincia de Santiago de México cubría los territorios del Altiplano: Estado de México, Puebla, Tlaxcala, Morelos y más tarde se extendió hacía Michoacán y Zacatecas. En 1551, se creó una nueva provincia, San Vicente Ferrer, para Chiapas y Guatemala cuya sede estaba en Santiago de los Caballeros, territorio de la Capitanía de Guatemala; otra más, San Hipólito Mártir de Oaxaca(1595), la que atendía dos zonas lingüísticas diferenciadas, la Mixteca Alta (Yanhuitlán, Teposcolula, Coixtlahuaca) y los Valles Zapotecos más el Istmo de Tehuantepec (Cuilápam, Zaachila, Tehuantepec).

A lo anterior habría que añadir la fundación de conventos de monjas dominicas de clausura en Oaxaca (1576), Ciudad de México (1593), Morelia (1595) y Puebla (1680). La obra material de los dominicos de los siglos XVI y XVII, templos y conventos fabulosos, deja ver su espiritualidad, carisma y apostolado. Pero lo más importante fue su método de evangelización,que se fundaba en la concepción de la igualdad del alma y raciocinio de españoles, indios y negros, dio gran importancia al conocimiento de las culturas a las que llevaban la palabra de Dios, adoptando sus lenguas, respetando sus costumbres y, especialmente, abogando por una conversión pacífica y razonada. Hoy conocemos ese método como inculturación y de esto dan cuenta las múltiples gramáticas y catecismos en zapoteco y mixteco escritas por dominicos.

El primer siglo no estuvo exento de presiones internas, ya que algunos frailes estaban en favor de una orientación intelectualizante, mientras otros preferían abocarse por entero a la misión entre los naturales.

Por razones de espacio, sólo apuntaré las figuras señeras de Fray Bartolomé de las Casas (1484-1566), primer obispo de Chiapas y gran defensor de los indios; Fray Diego Durán (1537-1588), primer etnógrafo; Fray Tomás Mercado (1525-1575) precursor del pensamiento económico novohispano; Fray Alonso de Montúfar (1489-1572) segundo arzobispo de México e iniciador del culto guadalupano.

Sólo para concluir, la Orden de Predicadores se extendió hacia el norte de los que hoy es Méxicoy sur de Estados Unidos durante los dos siglos subsecuentes, pero ello es materia de otro texto.

Leave a comment

BUENA PRENSA

Av. Ribera de San Cosme #5, Col. Sta María la Ribera, Alc. Cuauhtémoc, C.P. 06400, CDMX

SÍGUENOS EN REDES SOCIALES

Buena Prensa ©2023. Todos los derechos reservados.