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Un lugar para el libro

Brenda Yáñez Rivera

 

En el marco del Día mundial del libro y del derecho de autoría, que se conmemora cada año el 23 de abril en memoria del fallecimiento de Miguel de Cervantes Saavedra, William Shakespeare e Inca Garcilaso de la Vega, es necesario reflexionar sobre la situación actual del libro de frente a las diversas condiciones sociales e históricas que estamos experimentando, en tanto que ha sido y es uno de los medios de expresión y comunicación más importantes en la historia de la humanidad.

Mucho se ha hablado sobre la pertinencia y continuidad del libro impreso como objeto físico y como objeto cultural, en tanto que  representa una de las invenciones con mayor trascendencia: desde su introducción como herramienta de acceso popular a la producción ideológica hasta su apreciación como objeto estético en sí mismo. En un panorama en el que se apuesta ampliamente a lo digital y a la inteligencia artificial, recurrir al libro y a la lectura puede considerarse un acto de mera nostalgia o de verdadera rebeldía. Habida cuenta de la gran cantidad de partidarios de los medios digitales como medios de divulgación y acceso a la información, aferrarse al libro impreso puede parecer algo necio y, aún más, el propio acto de la lectura se está convirtiendo en cuestionable frente al crecimiento desmedido del contenido digital audiovisual.

 

 

El acceso globalizado a la información que permite lo digital no se contrapone a la lectura y al libro: en diferentes circunstancias es más sencillo y conveniente leer en un  formato digital desde un dispositivo electrónico que en un libro impreso. Los libros de oraciones que ocupan espacio en  una mochila o un bolso, pueden acompañar a cualquiera que cuente con un teléfono celular inteligente; aquella estudiante puede ahorrarse comprar el libro o imprimirlo teniendo acceso a su versión electrónica, sin mermar sus escuetos ingresos; aquel trabajador puede leer las noticias diarias sin adquirir el periódico que no puede comprar por falta de tiempo, etc. Sin embargo, los textos digitales no son lo único que habita en Internet.

Desde su introducción en la segunda mitad del siglo XV el libro impreso modificó múltiples aspectos de la, hasta entonces, vida cotidiana: se generaron oficios que antes no existían (los talleres de tipografía e impresión, por ejemplo); surgieron grupos de lectura en que la gente se reunía a escuchar, principalmente, la Biblia y, más adelante, novelas, ideas filosóficas y revolucionarias, descubrimientos científicos, historias fantásticas; se suscitaron la reflexión y discusión individual y comunitaria, de modo que los libros y su contenido no permanecían inertes e irrebatibles. ¿Pasa lo mismo ahora con el contenido audiovisual que ofrece Internet y que no demanda leer? ¿Las discusiones que se encuentran en los comentarios de un “reel” podrían equipararse con las que se dan en un grupo de lectura, en ensayos escolares o en el seno de un hogar? ¿Qué es lo que se divulga en las redes sociales donde la mayoría de la información es validada por casi ninguna fuente más que la opinión propia? Ante la inmediatez de la vida común, detenerse a leer, reflexionar y compartir se vuelve relevante y necesario.

 

 

Asimismo, lo digital y lo impreso convergen en un punto controversial en el que han caído todos los medios de expresión desde que la humanidad ha podido manifestarse: qué es válido y vigente para ser compartido. Aunque haya que defender la libre expresión como un derecho inherente a las personas, cabe preguntarse si todos los videos que hay en una red social, accesibles para cualquiera, verdaderamente aportan a lo social, cuando las interacciones generadas suelen devenir en posiciones ideológicas y pragmáticas que se muestran polares. ¿Los discursos de odio en un video tienen validez cuando surgen solo de la visceralidad? ¿Es apropiado defender una causa que atenta contra las diferentes manifestaciones de la vida porque hay un texto de fondo? Muchas son las preguntas que plantean cada formato –digital para textos y contenido audiovisual, o impreso para los textos- que aún no se han resuelto y que pueden ser exploradas, a pesar de las aparentes diferencias que existen entre dichos medios.

Igualmente, puede ser difícil considerar que en momentos históricos tan críticos como los que contemplamos haya espacio para la lectura en un pueblo bombardeado, en un hogar con hambre, en un camino peligroso y cansado con la esperanza de algo mejor o en un transporte que drena la energía de quienes lo usan. Sí, es difícil, pero no imposible. El libro ha representado, incluso desde sus formatos no impresos, una posibilidad a resistir, a existir, a manifestar la vida. En medio de la desesperanza (y quizá, a veces, la desesperación), continuamos documentando, registrando, pensando, escribiendo y leyendo. En muchas ocasiones las ideas crecen en medios inhóspitos gracias a la inspiración dada por la palabra leída y se reproducen por el mismo medio, no obstante la adversidad. Narrar la vida y dejar un testimonio de ella para quien lo busque y que pueda acceder a él es una de las virtudes del mundo digital, empero, propiciar un proceso intelectual único lo es de la lectura.

¿Será que el libro impreso está pronto a desaparecer? ¿es pertinente la existencia del libro en la actualidad? Sin duda. El libro como medio y vía de expresión es, por ello mismo, un provocador de la interacción social ya que, al someterse al proceso intelectual de decodificación que demanda la lectura y la percepción del objeto físico (incluyendo las particularidades de los libros digitales) quien lee se ve interpelado o interpelada a reflexionar y buscar compartir sus ideas y conclusiones, ya sea de forma hablada o escrita. Leer es también mantener la sociedad y, entonces, un acto de oposición a la actualidad apabullante que, cada vez más, nos exige vivir rápido, sin convivir, sin pensar y sin sentir. Leer en un medio impreso añade todavía más a la experiencia, y mantener la celebración del Día mundial del libro y de los derechos de autoría es también una forma de procurar nuestra humanidad.

 

 

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