Skip to content Skip to footer

Santo Domingo de Guzmán, hermano predicador

Dr. Arturo Mota Rodríguez

 

En la historia de la Iglesia se han destacado algunas órdenes religiosas cuya contribución resalta por su refinamiento intelectual para ofrecer respuestas robustas a las problemáticas de casa época, y su celo pastoral para llevar a cabo la evangelización, una contribución enraizada en lo más profundo del contenido evangélico. Es especialmente significativo el siglo XIII, en cuyo tiempo nacieron dos de estas importantes órdenes religiosas, la franciscana y la dominicana. No puede entenderse la historia de la Iglesia, ni la teología católica sin el pensamiento desarrollado por los frailes pertenecientes a la Orden de Predicadores, y, por supuesto, sin su fundador, Santo Domingo de Guzmán. 

Nació en 1170, en Caleruega, la actual Burgos, España, entonces perteneciente al reino de Castilla, en medio de una familia profundamente cristiana. Tuvo dos hermanos. Fue formado en su infancia por uno de sus tíos Arcipreste. Alrededor de sus catorce años, comenzó los estudios en Artes, después en Filosofía y continuó la Teología. Al término fue profesor en Palencia. En medio de esta formación intelectual también respondió al llamado de su vocación religiosa, al recibir la tonsura en 1190, y fue nombrado Canónigo regular de la catedral de Osma. Siempre destacó por su profundidad intelectual, y por su congruencia de vida moral con la que desarrollaba su ministerio y su actividad magisterial. Ello hizo que fuera nombrado Vicario general de la diócesis y presidir la comunidad de canónigos a la que pertenecía.

 

 

El siglo XIII fue especialmente problemático debido a la ignorancia de la fe y a la poca preparación para entender el contenido del Evangelio y cumplir la finalidad de darlo a conocer en el mundo. Motivado por esta situación, establece en 1215 la primera casa de la Orden de Predicadores. En ese mismo año acude al Concilio de Letrán en que pide la aprobación de la Orden, concedida por el Papa Honorio III, un año después, en 1216, en la bula “Religiosam vitam”, para comenzar canónicamente la Orden de Frailes Predicadores. Comenzó así el camino de una orden que desde el inició se distinguió por la seriedad con que se tomó la predicación del Evangelio.

En 1220 celebra el primer capítulo de la Orden. Y en 1221, como consecuencia del segundo capítulo se forman las primeras ocho provincias. Fue muy cuidadoso en la organización y estructura de la Orden, que en muy poco tiempo tenía ya sesenta comunidades. En ese mismo año, 1221, el 6 de agosto, murió, agotado y en medio de una enfermedad breve. Fue canonizado por el Papa Gregorio IX en 1234. 

La vida de Santo Domingo de Guzmán se distinguió por el celo evangélico, por su espíritu caritativo, y por la constante preocupación por colaborar en la misión evangelizadora de la Iglesia, por dar respuestas a los retos que se cernían en medio de un ambiente intelectual que dio pie a la generación de errores e incluso de herejías. Fue un espíritu comprometido con la fe, a tal grado que algunas versiones medievales relacionaron su nombre, Domingo, con la figura de una expresión latina que sigue a su nombre en latín, “Dominicus”, tomándolo como “Domini canis”, perro de Dios, vigilante de la fe.  

Celebrar a Santo Domingo de Guzmán, es también una celebración de la fe, de su maravilloso contenido y riqueza, que ha movido el espíritu evangélico a través del tiempo, y del que en México y Latinoamérica, en el siglo XVI, dio pie al desarrollo de una perspectiva profundamente humanista del Evangelio, de lo que conocemos actualmente como Derechos Humanos, gracias a las contribuciones de eminentes frailes dominicos, como Bartolomé de las Casas, Tomás de Mercado, Francisco de Vitoria, Andrés de Olmos, entre otros.

 

Leave a comment

BUENA PRENSA

Av. Ribera de San Cosme #5, Col. Sta María la Ribera, Alc. Cuauhtémoc, C.P. 06400, CDMX

SÍGUENOS EN REDES SOCIALES

Buena Prensa ©2023. Todos los derechos reservados.