Gloria Sofía Martínez
¡Cómo no leer la Biblia!, cómo no tener esta preciosa historia de amor, de relaciones humanas con Dios, que nos ayudan a reconocer nuestros caminos y la posibilidad de abrir otros más. Ellas y ellos nos han dejado un legado que merece la pena reflexionar, orar y compartir para que sigan iluminando nuestro caminar cristiano.
¿Ellas?, ¡sí!, por supuesto que las historias de ellas también importan y, a pesar de los siglos que han pasado desde su historia, pueden transformar la nuestra.
La primera que mencionaría sería a María de Nazaret. Además de su sí, ya hay muchas mujeres teólogas que quieren enfatizar el proceso que seguro vivió para tomar esa decisión que cambiaría la vida de toda la humanidad. ¡Qué bueno es saber que ella también vivió procesos!, ¡qué bonito es saber que como seres humanos también pesamos con el corazón lo que nos va pasando! Esas noticias que sabemos que nos cambiarán la vida pero que nos viene bien seguir el consejo de Jesús: “¿quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos y ver si tiene para acabarla?» (Lc 14, 28) Así también me imagino a María, sopesando la decisión de su SÍ, y cuando estuvo lista, asumiéndolo, como sabemos que lo hizo. Y que lo hacen y hacemos tantas.
Luego, una mujer increíble nos hacía ver lo abierta de mente y corazón que tuvo que ser María, para que, dentro de ese contexto y realidad, haya abierto las puertas de su casa para dejar entrar a los Magos de Oriente y a los pastores palestinos. “María abierta a todo y a todos” (Bety Becerra, MMB).
Mi reflexión favorita de María, también me la dijo ella: “cuando en las bodas de Caná (Juan 2, 1-5) se quedan sin vino y María voltea con Jesús y le dice: “No tienen vino”, responde Jesús: “… todavía no ha llegado mi hora”, pero María, segura de lo que su hijo es capaz, responde: “hagan lo que él les diga”. Bety nos invitaba a reconocer a María como la mujer que impulsa a Jesús, a su hijo de alrededor de 30 años que cree que aún no es su momento, y una mamá que le impulsa a ser lo que está destinado a ser. ¡Qué texto!

En el Antiguo Testamento: Eva ¡bendita curiosidad!, Sara y su exquisita risa, el linaje de Lea, la creatividad de Tamar, la sabiduría de Sifra y Fúa, la valentía de la profetisa Débora y la generosidad de Rut con Noemí. En fin… tantos pasajes de historias que nos vendrían tan bien escuchar más y enfatizar lo poderosas que podemos llegar a ser. Que somos.
Y en el Nuevo Testamento cuántas otras historias podemos descubrir en que las mujeres fueron también persistentes, generosas, presentes, luchando por conseguir lo que tanto anhelaban para ellas y para sus seres queridos.
Me gusta mucho leerlas, Elisa Estévez en su libro de “Mediadoras de sanación” cambió mi mirada, y agradecida quisiera rescatar algunos mensajes poderosos que ella tiene en su libro.
Parafraseando un poco ella nos dice algo sumamente potente que, en etapas de nuestra vida como mujeres, mujeres creyentes (y hombres) nos viene bien recordar: cuando las mujeres se encontraron con Jesús no fueron meros objetos pasivos en manos de un varón. No son solo sujetos dolientes, son mujeres que se resistieron a quedar atrapadas por el mal y el destino, que enfrentaron las normas y las creencias establecidas y abrieron espacios para ellas y sus familias.
En momentos de debilidad, de desconfianza, está el testimonio de la mujer sirofenicia (Mc 7, 24-30) respondiéndole a Jesús que “también los perritos comen bajo la mesa…” Y Jesús le responde: “por eso que acabas de decir, puedes irte; el demonio ha salido de tu hija”. ¡Imagínense la escena! Una mujer ahí, en medio de tantos no desaprovecha la oportunidad para pedir y después de una negativa volverlo a intentar y no se suelta de lo que ella cree y quiere. ¡Qué sanador!
O la unción en Betania (Mc 14, 3-9), esa acción valiente de la mujer que unge a Jesús y es tan poderoso su gesto que Jesús le responde: “dondequiera que se proclame la Buena Nueva, en el mundo entero, se hablará también de lo que ésta ha hecho, para que su recuerdo perdure.” ¡Recordémosla más seguido!
La mujer con flujo, las mujeres en las curaciones en el evangelio de Lucas… y tantas otras que nos enseñan a confiar más en nosotras mismas, que la fe no está peleada con nuestras intuiciones, corajes, sueños y convicciones. Sostiene Elisa Estévez: “todo es posible para la que cree”.
Mujeres, hombres: ojalá que podamos encontrar en la Biblia, a mujeres cuyos actos rebeldes, intuitivos y leales a Dios sigan transformando nuestros corazones, que nos lleven a ser sal de la tierra (Mt 5, 13) y dejemos de creer que sólo somos receptoras, que sólo estamos ahí para escuchar y que no somos dignas (en pleno siglo XXI) de que Dios entre en nuestra casa.

