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Claves para una teología de nuestro tiempo

Emilce Cuda: La teología debe ofrecer razones para la esperanza y la fraternidad en un cambio de época

La teóloga argentina inauguró el curso académico 2026-2027 de Cristianisme i Justícia con una reflexión sobre los desafíos de la teología contemporánea. Ante las transformaciones sociales, culturales y tecnológicas, invitó a desarrollar una teología arraigada en la realidad, construida con el pueblo y comprometida con el diálogo, la justicia y la esperanza.

El miércoles 30 de septiembre, Emilce Cuda, secretaria de la Pontificia Comisión para América Latina y una de las voces más relevantes de la teología contemporánea, pronunció la conferencia inaugural del curso académico de Cristianisme i Justícia. En su intervención, reflexionó sobre las claves que necesita la teología para responder a los desafíos del mundo actual, tomando como referencia la doctrina social de la Iglesia y las enseñanzas de los últimos pontífices, especialmente Francisco y León XIV.

Su exposición giró en torno a dos convicciones fundamentales: la necesidad de hacer teología desde la realidad, junto al pueblo y en las fronteras, y la responsabilidad de ofrecer razones para la esperanza en un mundo atravesado por profundas transformaciones. Desde esta perspectiva, reivindicó también la importancia de que la reflexión teológica contribuya a construir una cultura del diálogo y la negociación.

Una teología interpelada por la realidad

Cuda comenzó su intervención invitando a reconocer la magnitud de las transformaciones que caracterizan nuestro tiempo. Retomando una expresión frecuente del papa Francisco, señaló que no estamos simplemente ante una sucesión acelerada de cambios, sino frente a un verdadero «cambio de época».

Los avances tecnológicos están modificando radicalmente los sistemas de producción, las relaciones de poder y las formas de interacción humana. Entretanto, las estructuras políticas, jurídicas y económicas encuentran crecientes dificultades para responder a esta nueva realidad, lo que provoca situaciones de inestabilidad y desorientación.

Ante este panorama, la teóloga planteó una pregunta fundamental: ¿la reflexión teológica está verdaderamente atenta a estas transformaciones o continúa interpretando el presente mediante categorías propias del siglo XX?

Si las conversaciones cotidianas incluyen temas como la inteligencia artificial, los algoritmos, las tierras raras o las criptomonedas, la teología no puede permanecer ajena a ellos ni a sus consecuencias sociales y culturales. Como afirmó Cuda, «el teólogo es interpelado por una realidad nueva».

El desafío de interpretar y ordenar el caos

Según Cuda, el cambio de época está acompañado de procesos de desestabilización, confusión y caos. En este escenario surge una disputa por determinar quién tiene la capacidad de interpretar y ordenar la nueva realidad, una lucha en la que también aparecen lo que denominó «falsos dioses».

La teóloga relacionó este fenómeno con el renovado protagonismo de la religión en el espacio público. Los discursos religiosos y morales han recuperado una presencia significativa en la política y en los debates sociales, circunstancia que obliga a preguntarse quién está desempeñando actualmente el papel que corresponde a la reflexión teológica.

«¿Quién está ocupando hoy el lugar de la teología?», cuestionó.

Frente a estas tensiones, reivindicó la dimensión crítica de la disciplina y recordó que «cuando hacemos teología tenemos que cuestionarlo todo».

Hacer teología con el pueblo y desde las fronteras

Uno de los ejes centrales de su conferencia fue la necesidad de desarrollar una teología comprometida con las condiciones concretas de la existencia humana.

Recuperando una enseñanza del papa León XIV, Cuda insistió en que la reflexión teológica rigurosa requiere dedicar tiempo a observar y comprender la realidad. Asimismo, recordó una imagen utilizada por el papa Francisco: el teólogo debe ser capaz de «auscultar» la realidad, escuchar sus inquietudes e interpretar los signos de nuestro tiempo.

Desde esta perspectiva, explicó que no se trata simplemente de elaborar una teología del pueblo, sino de hacer teología con el pueblo, particularmente en las fronteras donde surgen nuevos lenguajes, conflictos y preguntas.

El teólogo, recordó citando a Francisco, no puede quedarse «balconeando la vida», contemplando los acontecimientos desde una posición distante.

Sin embargo, esta apertura al mundo no significa renunciar a la identidad propia de la teología. Cuda subrayó que Jesucristo debe permanecer en el centro de toda reflexión y que el estudio teológico necesita estar estrechamente vinculado con la oración y la experiencia espiritual.

La teología está llamada a dialogar con las ciencias, la economía, la cultura y las nuevas tecnologías, pero sin perder su fundamento cristológico y espiritual. En este sentido, advirtió sobre el crecimiento de formas de espiritualidad desencarnada, alejadas de los cuerpos, las relaciones humanas y las condiciones reales de vida.

A continuación la conferencia:

 

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