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Entendiéndolo todo según las Constituciones de la Compañía

 

P. Rafael Velasco SJ

 

Cuenta el libro segundo de los Reyes (Cfr. 2Re. 21 – 23) que, en unas obras de reparación del templo, el Sumo Sacerdote encontró sin querer el Libro de la Ley. Nada menos. Y cuenta que luego de leerlo se lo llevó al rey Josías que se rasgó las vestiduras: ¡cómo podía el Pueblo haber olvidado ese Libro! nada más ni nada menos que el Libro que dio Principio y Fundamento al pueblo que en ese tiempo estaba perdido tras los ídolos.

El Libro de la Ley en ese contexto es un apoyo para la reforma religiosa de Josías. Pero es, además, una metáfora poderosa de cómo se puede ir extraviando la referencia fundamental, y marca también la necesidad de volver al Libro que da fundamento a todo.

Debo decir que esta metáfora (a la que volví providencialmente) dice mucho a nuestro tiempo actual en la Compañía. Basta leer los documentos recientes (por ejemplo, la carta de convocatoria a la Congregación de Procuradores) y veremos la escasa o nula referencia a las Constituciones de la Compañía, nuestro Libro Fundamental.

 

 

Sin ir más lejos esta carencia se constata más palmariamente en cuanto a los temas de gobierno: se está instalando un modo de ver y ejercer el gobierno (gobernanza se lo llama ahora en términos de las ciencias políticas) que intenta conjugar –con éxito desigual- el modo de las Constituciones que es eminentemente vertical, con un modo más “horizontal” en el que se privilegian discernimientos comunitarios (que no aparecen en las Constituciones) y procesos de planificación apostólica participativos, que más allá de su intencionalidad inclusiva olvidan algo fundamental (que sí está en las Constituciones) que el gobierno de la Compañía es un gobierno espiritual.

El que manda y da la misión es el Superior Mayor porque tiene acceso a la conciencia del jesuita. El que toma cuenta de conciencia conoce con más claridad la realidad espiritual de la provincia o región y por eso está en condiciones de enviar con fruto. Y esto no es algo accesorio, es medular en el gobierno y buen ser de la Compañía. Quienes participan en estos procesos y “discernimientos” no conocen lo profundo de la realidad espiritual de la Provincia.

Releyendo el decreto de la CG 36 sobre el gobierno, hay una sola referencia directa a las Constituciones al mencionar que el gobierno es espiritual (n1), sin embargo, todo el documento se centra en el discernimiento, la planificación apostólica, la colaboración y las redes apostólicas (cosas que no figuran en las Constituciones) señalándolas como “nuestro modo de proceder”.

 

 

Con los años hemos ido generando una serie de estructuras (conferencias, consejos apostólicos, redes, etc) que más que agilizar el gobierno, lo hacen más trabajoso y problemático. Y bastante menos espiritual. Eso sin contar la nube de palabras que deben ser veneradas con frecuencia (colaboración, discernimiento, gobernanza de las redes, sinodalidad, etc), con lo que la mirada al “scopo y fin de esta Compañía” (n.3) se va opacando. Lo que debiera decidir el Prepósito General y los que a él les delegó autoridad (los provinciales) se vuelve una mera gestión de tensiones, más que un gobierno espiritual.

Las redes apostólicas son otro ejemplo de lo mismo: Ignacio hablaba de unión de los ánimos y de nuestro modo de proceder, como los garantes de esa unión. No pocas veces los criterios de las redes no son necesariamente los criterios de nuestro modo de proceder; baste mencionar los criterios que ponen los grandes donantes a organizaciones como RJS, o Fe y Alegría para darnos cuenta de que hay cosas mundanas y de la cultura “progre” que no son necesariamente evangélicos y no tienen demasiado que ver con nuestro modo de proceder. Por ejemplo, cuando una red jesuita no se anima a predicar explícitamente a Jesucristo está contradiciendo la Fórmula del Instituto y la razón de ser misma de la Compañía que se fundó “para la defensa y propagación de la fe”, y principalmente para “los ministerios de la Palabra de Dios… para la ayuda de las almas” (3)

Desde el lenguaje mismo, hemos creado una jerga que se hace un poco ajena a la lengua materna de las Constituciones: ya no hablamos de gobierno sino de gobernanza, no se gobierna espiritualmente sino desde discernimientos participativos que rara vez afrontan apuestas audaces, sino que confirman decisiones ya tomadas o repliegues de poca monta; hablamos de gestión y no de gobierno, hablamos de colaboración y ya no sabemos qué es el cuerpo apostólicos, porque aunque Ignacio claramente habla del cuerpo de la universal compañía refiriéndose a los jesuitas, nosotros hablamos de los laicos como partes del cuerpo apostólico, como compañeros o incluso como nuevo sujeto apostólico.

 

 

Nuestra fe desmedida en las palabras (como si el proclamarlas y repetirlas creara realidades), nos lleva a pasar de una palabra a la otra creando una especie de Babel. Porque “colaboración” sigue sin significar lo mismo, ni siquiera entre provincias, porque se quiere imponer un modo de verlo que no da cuenta de la realidad y por eso no es aceptado, porque se quiere decir (porque queda bien) que nosotros colaboramos con los laicos en su misión, y sabemos que eso no es verdad, que en las obras encomendadas por la Iglesia a la Compañía, los colaboradores laicos y laicas colaboran con nosotros, o colaboramos juntos en esa obra de la Compañía, porque además, a la hora de la verdad, los responsables jurídicos y económicos y ante las autoridades eclesiales somos los jesuitas. Decir esto -lo sé- es causalidad de cancelación para el pensamiento progre imperante, pero es la verdad.

Y así, debajo de palabras, redes y planificaciones están sepultadas las Constituciones. Tal vez sea hora de que –como en tiempos de Josías- revisitemos nuestro Libro fundamental, que desempolvemos las Constituciones y nos apeguemos más a ellas, que podemos un poco este bosque de redes, estructuras, burocracias y palabras talismanes que hemos ido creando, y volvamos al gobierno espiritual, a nuestro modo de proceder en la misión y a la unión de los ánimos… Después de todo, en nuestros votos de bienio prometimos entender todo según las Constituciones de la Compañía.

 

 

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